Durante más de un siglo, el sonido de los tornos, el movimiento de las fresadoras y las piezas de metal pasando de unas manos a otras han marcado el ritmo de trabajo en la empresa logroñesa Fundiciones Gómez. Sin embargo, en la actualidad, ese mismo sonido ha traspasado las paredes del taller llegando a diversos puntos del país y generando un gran número de pedidos con sus videos en Instagram y Tik Tok.
En apenas dos meses desde su salto a redes sociales, esta empresa familiar ha pasado de no saber qué publicar a recibir llamadas y encargos reales de nuevos clientes. «Nos empezaron a llamar y no nos lo creíamos», reconocen. Entre ellos, un pedido llegado desde Canarias por parte de una metalistería que supuso una de las primeras grandes alegrías de esta nueva etapa.
No se trata de pequeños trabajos puntuales ni de ventas simbólicas. Son encargos reales que han llegado a través de plataformas como TikTok o Instagram. Un resultado que ha sorprendido a Charo, Asunción, Enrique y Cristina, primos entre sí y la tercera generación que continúa el legado que iniciaron sus abuelos y después continuaron sus respectivos padres. Una familia que nunca había considerado las redes sociales como una vía para generar negocio ni como un canal capaz de abrir nuevas líneas comerciales.

«Nosotros no teníamos ni idea de redes sociales», explican. Ni utilizaban aplicaciones en su día a día ni se planteaban aparecer en vídeo. «Es más, nos daba vergüenza. Pensábamos que al exponernos perdíamos privacidad».
Durante años, su actividad había permanecido dentro de las paredes del taller. Una empresa con más de un siglo de historia (102 años) centrada en la transformación del metal mediante procesos como la estampación, el mecanizado, el trabajo con tornos y fresadoras o la soldadura, pero completamente ajena al entorno digital.
La idea de que la empresa pudiera tener presencia en redes surgió casi por casualidad. Todo empezó cuando uno de los miembros de la familia leyó precisamente en NueveCuatroUno un reportaje sobre dos jóvenes profesionales dedicadas a la creación de contenido digital. Aquella historia despertó la curiosidad y decidieron explorar una vía que hasta entonces ni siquiera contemplaban: mostrar su día a día en internet, aunque con muchas dudas y sin saber muy bien por dónde empezar.

Para ello, contaron con el apoyo de la agencia riojana Deka Publicidad, que les ayudó a trasladar su actividad al entorno digital sin perder la esencia. El planteamiento fue claro desde el inicio: no se trataba de hacer vídeos «bonitos», sino de enseñar la realidad del trabajo tal y como es, sin artificios y sin guionizar en exceso.
Las primeras publicaciones comenzaron a atraer la atención de miles de personas. Lo que para la empresa era rutina, el sonido del metal, el movimiento preciso de las máquinas, la repetición de los procesos, se convirtió en un contenido capaz de generar interés, preguntas y, finalmente, oportunidades de negocio.
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En poco tiempo, los vídeos empezaron a acumular visualizaciones y a construir una comunidad de personas que no solo observaban, sino que interactuaban, preguntaban y, en muchos casos, terminaban contactando con la empresa.
«Hay cosas que para nosotros son normales porque llevamos viéndolas toda la vida, pero luego resulta que para mucha gente son completamente nuevas», explican. Esa mirada externa ha sido clave para entender el valor de lo que hacen y cómo puede conectar con un público mucho más amplio del que imaginaban.
Esa conexión directa con el público ha sido una de las claves del crecimiento. En lugar de transformar su trabajo para adaptarlo a las redes, gracias a Deka Publicidad han hecho lo contrario: adaptar las redes a su trabajo y mostrar lo que ya hacían, pero abriéndolo al exterior.
En pocas semanas, la empresa ha pasado de la incertidumbre inicial a manejar una exposición de marca que no esperaban. Miles de personas viendo sus vídeos, compartiéndolos y descubriendo una actividad que hasta ahora había permanecido fuera del foco.

Lo que empezó con dudas, cierta incomodidad e incluso rechazo inicial se ha transformado en motivación. «Al principio nos daba vergüenza, ahora estamos con ganas de grabar más, de probar cosas nuevas», reconocen. La experiencia no solo ha abierto nuevas oportunidades comerciales, sino que también ha cambiado su forma de mirar su propio trabajo.
Y, sin embargo, dentro del taller todo sigue funcionando como siempre. Los pedidos continúan marcando el ritmo de la jornada, las máquinas trabajan con la misma precisión y el negocio se sostiene sobre las mismas bases de siempre: esfuerzo, constancia y relaciones de confianza construidas con el tiempo.
Ahora, a esas relaciones tradicionales se suman otras nuevas que llegan a través de una pantalla y que, en algunos casos, ya se están traduciendo en nuevos clientes y nuevas líneas de trabajo. «Durante más de un siglo, la empresa ha sabido adaptarse a cada época sin perder su esencia. Primero fue la evolución de la maquinaria, después la transformación del sector y ahora lo hemos hecho con las redes sociales».


