La Rioja

Gregorio Pacheco, el ‘abuelo’ de Logroño, muere a los 106 años

Logroño despide a uno de sus vecinos más queridos y longevos. Gregorio Pacheco, conocido oficialmente como el ‘abuelo’ de la ciudad -al ser su vecino más longevo-, ha fallecido a los 106 años tras toda una vida marcada por la cercanía, la vitalidad y el cariño de varias generaciones de logroñeses.

Nacido en Soria el 22 de noviembre de 1919 —aunque su padre no lo inscribió en el registro civil hasta el día 24 debido a la elevada mortalidad infantil de la época—, Gregorio se trasladó a Logroño con apenas veinte años y siempre insistió en que se sentía «de aquí». En la capital riojana echó raíces, formó su familia y desarrolló prácticamente toda su vida.

El velatorio de Gregorio Pacheco tendrá lugar durante la tarde de este sábado (entre las 17:00 y las 20:00 horas) en la Sala 7 del Tanatorio Mémora Logroño, mientras que su funeral se celebrará este domingo, a partir de la una de la tarde, en la parroquia de San Miguel Arcángel de Tricio.

Durante su juventud vivió en su localidad natal junto a su numerosa familia hasta que fue llamado a realizar el servicio militar en Larrache (Zaragoza). Posteriormente fue destinado a Nador (Melilla), donde formó parte de la división de aviación. Tras la posguerra se instaló definitivamente en Logroño, donde trabajó durante 39 años como empleado del Banco Español de Crédito (Banesto) hasta su jubilación.

En la ciudad también formó su familia junto a su mujer, Demetria, natural de Tricio. Con el paso de las décadas se convirtió en una figura muy conocida y querida, especialmente en sus últimos años, cuando el Ayuntamiento de Logroño comenzó a homenajearle con motivo del Día de los Abuelos.

En esos actos, Gregorio solía recordar con emoción su trayectoria vital y mostraba un carácter cercano y agradecido. Tras un año complicado de salud, llegó a agradecer públicamente el trato recibido en los centros sanitarios de la ciudad. «He estado en todos los hospitales de Logroño y quiero agradecerles su trabajo. Especialmente al personal del 112, porque son muy amables y tienen un servicio estupendo», expresó en una de esas intervenciones.

Pese a su avanzada edad, siempre defendió un estilo de vida activo. «Siempre me ha gustado mucho andar, aunque de cinco ahora he bajado mi ritmo a tres kilómetros», comentaba con humor. Gran aficionado al ciclismo, llegó a recorrer en una sola jornada hasta 266 kilómetros sobre la bicicleta.

Incluso superado el siglo de vida mantenía hábitos saludables y una sorprendente vitalidad. «Como de todo», aseguraba, mientras seguía fiel a su rutina diaria de ejercicio. Prueba de ello era el cuentakilómetros que llevaba instalado en su taca-taca para controlar los pasos que daba cada día.

Quienes le conocieron destacan, por encima de todo, su carácter. Su familia siempre lo definió, simplemente, como «una buena persona». Una cualidad que, con el paso de los años, hizo que Gregorio Pacheco se ganara el cariño de la ciudad que eligió como hogar y que hoy le despide como uno de sus vecinos más entrañables.

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