La Rioja

Calahorra ya está en modo fiesta

Pañuelos listos. Ropa blanca perfectamente doblada sobre la cama. Blusones planchados desde la noche anterior. Almuerzos a reventar, como si el día fuese una maratón —que en el fondo lo es—. Así ha amanecido Calahorra en uno de los sábados más esperados del año, ese que muchos marcaban en rojo desde el pasado 31 de agosto, cuando se bajó el telón de las últimas fiestas y comenzó la cuenta atrás. El fresco y las nubes han protagonizado las primeras horas del día, peor pronto el sol se ha abierto paso para inaugurar esta jornada festiva.

Han sido meses de espera. Y días previos de auténtico trajín. En las peñas, nadie ha dejado nada al azar. Zurracapote preparado con mimo, cuartos listos, cuadrantes organizados al milímetro. Cada detalle pensado para que no falle nada cuando llegue el momento. En las casas, el movimiento ha sido igual de intenso: neveras llenas, mesas preparadas, familias y cuadrillas enteras coordinándose para que todo esté listo. Porque cuando Calahorra sale a la calle, lo hace con la máxima intensidad.

Desde las once y media de la mañana, la glorieta de Quintiliano ha empezado a llenarse de cuadrillas. Cánticos, abrazos, fotos que ya huelen a recuerdo antes incluso de hacerse. Arriba, en el balcón del Ayuntamiento, las reinas de las peñas junto a los reyes y la alcaldesa, conscientes de que lo que va a ocurrir abajo no es un simple acto protocolario. Es algo que se siente en el estómago.

Y entonces, el disparo del cohete. Algarabía máxima. Saltos, bailes, besos. Ese segundo exacto en el que el ruido se convierte en emoción y el tiempo parece romperse. Empieza la fiesta. Empiezan cuatro días en los que la ciudad late más fuerte.

No faltarán los encierros matinales, las degustaciones de todo tipo y condición, los vermús toreros que se alargan sin pedir permiso, las comidas de hermandad donde se brinda por lo que fue y por lo que vendrá. La música sonará sin descanso. En formato charanga, tardeos, o conciertos de DJs que convertirán la noche en una prolongación del día.

Las peñas lo tienen todo preparado para que socios, calagurritanos y visitantes comprueben que aquí la fiesta no se improvisa. Habrá actos tradicionales que emocionan año tras año, como el reparto de ranchos a cargo de las peñas o la procesión del día 3, el día grande dedicado a los patronos San Emeterio y San Celedonio. Tradición y alegría caminando juntas.

Quedan 84 horas por delante. Horas en las que el descanso será un lujo breve, casi anecdótico. Porque haga frío o calor, la fiesta se vive en la calle. Y Calahorra, una vez más, ha decidido vivirla con todas las ganas.

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