El Rioja

La bodega Don Balbino en Lapuebla sale a la venta por falta de relevo

Después de un siglo de historia y cuatro generaciones diferentes, Balbino Fernández jamás imaginó que el centenario de su bodega lo celebrarían sin actividad. Hace poco más de un año que Bodega Don Balbino, fundada en 1924 y ubicada en Lapuebla de Labarca, cesó la elaboración de vino para quedarse «en ‘stand by'», tan solo vendiendo uva y vino a granel y dando salida al vino embotellado que tenían en stock. Un paso crucial que vino motivado por la falta de relevo generacional.

Ahora su propietario ha decidido ponerla a la venta (si bien la propiedad no está anunciada en ningún portal inmobiliario) a expensas de que la situación no va a mejorar. «Tengo tres hijos, los dos mayores están colocados en otros sectores y el pequeño no quiere saber nada de la bodega porque ya ve que no se saca dinero», reconoce Fernández, quien se incorporó al negocio familiar en la década de los 70. Y aunque al principio la situación le apenó, ahora los ánimos han cambiado: «Estoy encantado de que no se queden tal y como están las cosas. Yo he disfrutado mucho, pero ya tengo 70 años y toca dejar esta etapa».

Este negocio vitivinícola incluye la bodega, con una capacidad de elaboración de un millón de litros, junto a unas 40 hectáreas de viñedo repartidas entre Laguardia y Lapuebla, principalmente, así como en Fuenmayor. El 90 por ciento es tempranillo tinto y el resto, viura, y todas las plantaciones, con una media de edad de unos 40 años, están en espaldera. Hernández apunta que, por el momento, no hay un precio de salida de venta fijado, si bien está abierto a diferentes ofertas. «Las viñas y la bodega se pueden vender por separado, pero lo que tengo claro es que no quiero malvenderlo. No tengo prisa por cerrar una operación», refleja.

Las cuentas no salen

A la falta de relevo generacional en el sector del vino, afectado también por la falta de sucesión en el campo, se suman los problemas económicos que afrontan algunas bodegas del ecosistema de Rioja. Las últimas malas noticias llegaban el pasado mes de enero desde Bodegas Riojanas anunció un acuerdo con la aprobación de los sindicatos para solicitar un ERTE por cuatro meses.

Ya el año pasado se conocieron otros movimientos como el de la familia Martínez Zabala, que contrató los servicios del banco de inversión Rothschild & Co para poner precio a Bodegas Faustino o el del fondo estadounidense Carlyle, que inicó la venta de su participación del 68 por ciento en Codorníu, propietaria de la jarrera Bodegas Bilbaínas.

Por otro lado, Bodegas Sonsierra, que cambió su estructura jurídica de cooperativa para convertirse en Sociedad de Responsabilidad Limitada en busca de «una gestión más ágil y competitiva», y después de afrontar una pérdida progresiva de socios por la falta de liquidez derivada de la bajada de ventas. Mientras, la compañía formada por Bodegas Valdemar, SA y Valdemar Family, SL (la bodega que la familia Martínez Bujanda inauguró hace ya seis años en Estados Unidos) también anunció un plan de reestructuración para ampliar los plazos de las deudas bancarias.

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