Tras muchos días de cielos grises, lluvia persistente y ambiente desapacible, el sol ha irrumpido con fuerza este martes en Logroño, arrojando un torrente de luz que ha cambiado por completo la estampa de la capital riojana.
La luz limpia y el cielo despejado permiten contemplar con nitidez la magnitud de la crecida del río Ebro, cuyo caudal alcanzará su máxima intensidad durante la madrugada de este miércoles, en la segunda avenida en apenas tres días. Desde los paseos de la ribera se aprecia cómo el agua ha ido ganando terreno y se extiende ya por las zonas inundables, anegando sotos y campas habituales de esparcimiento.
La imagen, espectacular pero inquietante, ha llevado al Ayuntamiento a activar la alerta en modo preventivo en todas las instalaciones susceptibles de registrar incidencias por filtraciones. El dispositivo municipal permanece atento a la evolución del caudal ante un episodio que, aunque esperado, vuelve a recordar la fuerza del río cuando aumenta su caudal.


