El Ebro ha cambiado durante las dos últimas jornadas su aspecto a su paso por Logroño. El tono oscuro, con matices verdosos casi negros -tan habituales durante el invierno logroñés- que presentaba en jornadas anteriores, ha dado paso a un color marrón intenso -más primaveral- que recuerda al chocolate y que delata la crecida registrada en los últimos días.
El cambio se ha apreciado desde este pasado miércoles y responde a una combinación de factores: las borrascas atlánticas que han marcado el inicio de 2026 con intensas nevadas en la sierra y lluvias persistentes en el valle, con una subida de las temperaturas que ha provocado un posterior deshielo que ha obligado al desembalse controlado en pantanos como el de Mansilla. Todo ello ha arrastrado sedimentos por la cuenca del Najerilla hasta confluir en el Ebro, modificando su tonalidad habitual.

Los datos de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) confirman este incremento. En la estación de aforo A-280 del Ebro en Logroño, el caudal ha experimentado una subida notable en las últimas jornadas, pasando de registros en torno a los 100 metros cúbicos por segundo a superar ampliamente los 200, según los gráficos quinceminutales consultados a primera hora de este jueves. De forma paralela, el nivel del río también ha aumentado de manera significativa.

La situación aguas arriba explica esta evolución. La CHE ha notificado la superación del umbral de aviso amarillo en la estación del río Urbión en Viniegra de Abajo, tras rebasar el 1,20 metros de altura. Aunque las precipitaciones han remitido en la cabecera del Najerilla y la crecida ha tendido a estabilizarse, el organismo ha mantenido el desembalse desde la presa de Mansilla en torno a 80.000 litros por segundo.

Como consecuencia, varios puntos del Najerilla, tanto a pie de presa como en Anguiano, se han mantenido por encima de sus respectivos umbrales de aviso amarillo e incluso, en determinados momentos, han llegado a superar el nivel correspondiente al aviso naranja.

El resultado final se percibe con claridad en la capital riojana. El agua baja más cargada de partículas en suspensión, con mayor fuerza y con un color más turbio, reflejo de un episodio hidrológico que ha devuelto al Ebro una imagen más propia de las grandes crecidas invernales que de la relativa estabilidad que presentaba semanas atrás.


