Los que han sido oficios tradicionales con personal suficiente son ahora empleos reconvertidos faltos de profesionales. Electricistas, fontaneros, carpinteros, albañiles… Sectores, todos ellos, cada vez más envejecidos y menos atractivos para las nuevas generaciones. La formación está ahí, y la demanda también. Para el grado básico de Formación Profesional en Electricidad y Electrónica se matricularon 136 personas este pasado curso 2025-26, mientras que hace cinco años (curso 2020-21), lo hicieron 121. Por otro lado, en el grado medio de FP en Instalaciones Eléctricas y Automáticas se inscribieron 158 estudiantes, una cifra muy similar a la de hace cinco años, cuando se matricularon 149 personas. Una demanda que, sin embargo, no es suficiente.
La Asociación de Instaladores Electricistas, de Energías Renovables, Climatización y telecomunicaciones (AIER), que trabaja con los gremios de electricidad y fontanería, reconoce esa falta de profesionales y asegura que en estos casos el 40 por ciento del personal tiene más de 50 años. Un sector, apuntan, incluido dentro del catálogo de ocupaciones de difícil cobertura creado por el SEPE y que hace referencia a aquellas profesiones cuyas ofertas de empleo son más difícil de gestionar a la hora de cubrir vacantes.
«La falta de relevo generacional es acusada y evidencia un problema grave porque no hay perfiles nuevos y los que están trabajando prefieren mayormente hacerlo por cuenta ajena en lugar de emprender. Por si fuera poco, en los últimos años, pero sobre todo desde la pandemia, se ha potenciado mucho la electrificación de todos los sectores, lo que ha provocado que aumente mucho la energía renovable y que haya sectores vinculados a industria, transporte y sanidad y ocio, entre otros, que tienen una alta dependencia de la electricidad. Es decir, cada vez hay más demanda de especialistas pero menos perfiles de profesionales capacitados», resalta Laura Hidalgo, secretaria general de AIER. Una demanda de estos profesionales que, a nivel nacional, está aumentando a un ritmo de un 12 por ciento anual.
En este sentido, reconoce que en los grados de Formación Profesional que se imparten en La Rioja «sí se matriculan jóvenes, pero no es un número suficiente para cubrir toda la demanda de personal». Esto deriva en una reconversión de perfiles para adaptarse a las nuevas tendencias y necesidades de los clientes. Una adaptación continua que no solo afecta a los profesionales con una larga trayectoria en estos gremios, sino también a los jóvenes recién incorporados. «Todos tienen que actualizarse casi constátenseme porque la normativa y el reglamento en materia de seguridad industrial cambian continuamente. Así que hay muchas líneas de acción desde el sector, desde actualizar a los ya presentes a atraer a nuevos perfiles».

La formación es un pilar clave para AIER y es que, además de los cursos que imparten ellos mismos a diferentes organizaciones, la Asociación también colabora con diferentes centros de formación y con el Gobierno de La Rioja: «Se trata de dar a conocer nuestra profesión porque en muchos casos es muy desconocida, así que hablamos con estudiantes de ESO o Bachillerato sobre las posibilidades que da la FP en estas materias y que pueden ser alternativas de grado interesantes con salidas laborales. Es más, los centros de formación hacen un esfuerzo importante por estar en contacto con la empresa, adaptando muy bien las materias a las necesidades que pueda tener la empresa. Diría que el 90 o 95 por ciento de los jóvenes que salen de la FP acaban trabajando y formándose en las empresas».
Hidalgo destaca la «estrecha y buena relación» que mantienen las empresas de la AIER con los centros de Formación Profesional. «Es una formación conjunta entre el centro y la empresa. Además, ahora, gracias a la FP Dual, desde el inicio de sus formaciones, los jóvenes ya están trabajando en las empresas y estas los están formando para el futuro laboral. Por otro lado, dentro del propio sector está funcionando mucho la subcontratación, con empresas que contratan a autónomos o pequeñas empresas que les puedan ayudar en momentos puntuales para determinadas obras».
En cuanto al cierre de empresas del sector, la secretaria general asegura que los cierres que se han dado en los últimos años corresponden a propietarios que se jubilan y no cuentan con relevo generacional. «El escenario real es que los profesionales ya cuentan con empleo en grandes empresas, por lo que no necesitan emprender y ponerse por su cuenta o quedarse con pequeños negocios. Y este problema se traslada también al gremio de los fontaneros, por ejemplo. De hecho, en este caso igual tienen más dificultades porque no hay tanta gente que salga de la FP con este perfil técnico para incorporarse a este sector», valora.


