Cultura y Sociedad

Mapi Gutiérrez: «El reconocimiento artístico lleva mucho tiempo»

Mapi Gutiérrez, junto a una de sus obras elaboradas en su taller de Aldeanueva de Ebro.

Lo de Mapi Gutiérrez (Aldeanueva de Ebro, 1977) es una vocación intrínseca por el arte que, prácticamente, va en su ADN. No es casualidad, gran parte de ‘culpa’ la tiene el hecho de ser sobrina del reconocido pintor, escultor, arquitecto y también cineasta riojano Miguel Ángel Sáinz, fallecido en 2002. Se ha criado en la casa de su abuela, donde el artista tenía el taller, viendo dibujar, pintar y crear, y también ejerciendo como ayudante en la construcción de las vidrieras. «Miguel Ángel facilitaba el amor por el arte sin esfuerzo, solamente de escucharle hablar, de escucharle reflexionar y de ver cómo era su vida y sus obras. Así me enamoré de del arte», recuerda.

– ¿Cuál fue su primera obra?

– Fue una escultura en homenaje a Miguel Ángel, encargo del Ayuntamiento de Aldeanueva. Pero antes ya tuve que coger algunos trabajos que había dejado mi tío empezados y sin entregar. Así empecé poco a poco a tener más encargos y a hacer muchas vidrieras ya por mi cuenta. Desde entonces no he parado de trabajar porque entre las vidrieras, la escultura y el dibujo son varias disciplinas que te mantienen continuamente con obras nuevas entre manos. Me suelo organizar por meses, dedicando una temporada a un tipo de obra concreta para llevar cierto orden de trabajos.

– ¿Fue complicada la incursión en el mundo artístico?

– Es cierto que el hecho de ser sobrina de Miguel Ángel me abrió muchas puertas a la hora de tener los primeros encargos, fue como una especie de voto de confianza de los clientes durante los primeros años. Eso sí, el reconocimiento ha sido más difícil porque ha sido con mucho esfuerzo porque había que demostrar y eso lleva mucho tiempo. Además, han sido años complicados teniendo en cuenta que la economía no pasa por sus mejores momentos y eso se traduce en un menor número de encargos. Aún así, tenemos clientes de todo tipo, si bien los Ayuntamientos y la Iglesia son los más potentes.

– ¿Con qué disciplina se identifica más?

– Pues no sabría decantarme por una u otra porque disfruto con todas. Además, lo que me favorece es cambiar de oficio en función de las temporadas porque es como empezar algo de nuevo aunque el taller sea el mismo. Me gusta mucho el hecho de compaginarlo.

– ¿Qué cualidad diría que es imprescindible en esta profesión?

– Una característica que une estos dos oficios, tanto las vidrieras como la escultura, es el dibujo. Yo he tenido siempre mucha facilidad para dibujar, se me daba muy bien, y eso es clave tanto para la creación de esculturas como el diseño de vidrieras. Diría que es como el nexo común porque es importante esforzarse en el dibujo para que el resultado final sea el deseado.

– ¿Cómo refleja su estilo, su personalidad, en cada obra?

– Ahora realizo un arte que es figurativo, pero esto ha ido evolucionando a lo largo de los años. Las primeras esculturas que hice trataba de hacerlas más sueltas, con menos definición, pero ahora busco que sean más del estilo de Mariana Benjumea, más definidas, con rostros y manos como muy acabados, aunque luego las partes del ropaje estén más sueltas. En las vidrieras también trato de hacerlas muy realistas. Me resulta muy interesante estar ahora en una época de investigación, de llegar a una obra muy realista, aunque luego pueda desdibujarla o ir soltándola un poco más.

– ¿Qué cree que ha heredado de la capacidad artística de Miguel Ángel y su forma de entender el arte?

– Sigo aprendiendo de él. Cada día que observo una de sus obras aprendo cosas, pero creo que lo más crucial que aprendí junto a Miguel Ángel es la honestidad con la que se aborda una obra de arte, dando el cien por cien de uno mismo y tratando de no tomar atajos, de no disimular, de no hacer trampas ni imitar. Por ejemplo, si es muy difícil hacer las manos, no sirve que la escultura tenga las manos en el bolsillo. Si eso es lo complicado, la escultura va a ir sobre manos y aquí nos la jugamos hasta que salgan bien. Hay que hacerlo, hay que ser honestos en cierto modo. Luego, puede que los ropajes los deje más a la imaginación porque realmente considero que es una parte menor o con menos interés artístico o visual, pero no hago esto porque no me salen, sino porque creo que en esta escultura están en un segundo plano de interés. Esa honestidad es la que está transversalmente en todas las obras de Miguel Ángel y es la que trato de continuar.

– ¿En qué momento profesional se encuentra ahora Mapi Gutiérrez?

– Diría que estoy en un momento dulce. Por un lado, tengo obras en dos exposiciones de arte. Una es en Alicante, con escultores que están en primera línea de la escultura, lo cual es un honor enorme, es impresionante. La otra es en Almería, en el museo doña Paquita, y ahí estoy con los pintores más destacados que hay ahora en el panorama de la pintura. Además, estoy preparando una escultura para el nuevo Museo del Vino de Aldeanueva.

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