El momento de siembra de la remolacha ocupa los días de finales de febrero y principios de marzo, así que para las fechas actuales los agricultores ya tienen fijadas las fincas que se destinarán a este cultivo. Pero este año había un factor clave a tener en cuenta antes de comenzar una nueva campaña: la búsqueda de contratos para poder colocar la producción. Tras el cierre de la planta de producción de Azucarera en Miranda de Ebro en mayor del año pasado y su traslado a Toro (Zamora), los agricultores riojanos se enfrentaron a una bajada de precios y a un aumento de costes (ellos asumirían gran parte de los costes de transporte), por lo que buscaron alternativas de compradores en otras comunidades y dieron así con la cooperativa Acor, en Valladolid.
Esta sociedad trabaja principalmente con la remolacha y el contrato que ofrecieron a los productores riojanos suscitaba interés entre estos, pero había un requisito: Acor debía aprobar la entrada de los remolacheros riojanos como socios de la cooperativa. Algo que finalmente no ha ocurrido. La noticia ha llegado este mismo miércoles, echando por tierra la única opción que había para ‘sembrar’ cierta ilusión entre los agricultores.
«Acor alega que con la superficie que van a sembrar en esa zona de Castilla y León es suficiente, teniendo en cuenta también cómo está el mercado del azúcar con unos precios a la baja y sin previsiones de que vayan a mejorar. Por ello no les interesa contratar más remolacha y menos aquí, a tanta distancia», refleja Sergio Sáenz de Jubera, técnico de ARAG-ASAJA y asesor en este cultivo.
El contrato ofrecido por la cooperativa vallisoletana suponía un precio de 55 euros por tonelada de remolacha (con ayudas incluidas) a percibir por el agricultor, a lo que había que descontar una pequeña parte del coste del porte (unos 5 euros) que sí asumía este. Por otro lado, el contrato de Azucarera reflejaba unas peores condiciones para los remolacheros y es que en este caso los agricultores asumían la mayor parte del coste del transporte. «Además, fijaba un precio de 40 euros por tonelada, pero sin incluir las ayudas que recibe el agricultor. El descontar el transporte que asumía el productor suponía unos 15 euros, por lo que ese precio se quedaba en unos 25 euros más las ayudas, las cuales podrían rondar los 12 euros. Es decir, se quedaba muy lejos de la oferta de Acor, por lo que esa oferta estaba ya descartada», añade.
La respuesta de Acor tampoco ha pillado por sorpresa al sector, que ya auguraba una campaña de siembra muy escasa o incluso inexistente. «Ahora mismo la gente tiene que replantear el uso de esas fincas que tenía destinadas a la remolacha y sembrar otros cultivos de regadío, como puede ser patata, guisante y zanahoria o en otros casos, también cebadas tardías».
Por su parte, desde la Cooperativa El Cierzo de Santo Domingo de la Calzada, encargada de la cosecha y carga en la zona, afirma que «ya es definitivo que no se va a sembrar remolacha esta campaña». El responsable, José Ignacio García, incide en que «sin una fábrica que reciba el producto es inviable continuar porque la remolacha requiere de una industria por detrás para la transformación».
No son tiempos cordiales para este cultivo en La Rioja y es que las cifras hablan por sí solas. Si en 2024 se sembraron 950 hectáreas de remolacha en la comunidad, en 2025 tan solo fueron 460 y de cara a esta nueva campaña de siembra estaba previsto cubrir unas 230 hectáreas. Desde ARAG-ASAJA apuntan que el año pasado fueron 25 de sus socios agricultores los que sembraron 220 hectáreas, mientras que para este año la cifra había caído a los tres agricultores dispuestos a poner esta verdura en sus fincas y cubrir unas escasas 70 hectáreas. «Pero es evidente que esas previsiones se han esfumado ante el nuevo panorama», reconoce Sáenz de Jubera, quien no duda en afirmar que La Rioja se enfrenta al fin de la remolacha. «Y lo peor es que cuando un cultivo desaparece, es muy difícil que vuelva al campo».


