Un lector de NueveCuatroUno ha escrito al Sereno para hablar sobre la paralización del desarrollo del entorno de las estaciones de tren y autobús de Logroño. «Un asunto del que se habla poco y sobre el que, lo más grave, nadie en el Ayuntamiento da explicaciones claras. Y mientras tanto, el tiempo pasa y el barrio sigue esperando».
Según este vecino de la capital riojana, basta con acercarse a la zona para darse cuenta de que los accesos a las estaciones son grises, sombríos y mal iluminados, además de peligrosos, especialmente para peatones y ciclistas. «Da la sensación de que en su diseño no se pensó en ellos. Ni siquiera se conectaron interiormente las estaciones como cabría esperar de una supuesta estación intermodal moderna. Todo a medias, como tantas cosas».
Lo más incomprensible para este lector es que siga bloqueado el desarrollo urbanístico del entorno, la urbanización de la avenida de Lobete o la construcción de viviendas que terminarían de consolidar un barrio que ya tiene servicios. «Mientras tanto, Logroño sigue creciendo hacia zonas donde no hay colegios, centros de salud, comercio ni vida de barrio. Visto desde arriba, la ciudad parece un chorizo alargado, con barrios medio aislados y sin un cinturón de ronda completo que los conecte de verdad».
Y concluye diciendo que «da la sensación de que el sentido común no está marcando el rumbo de la ciudad. Se desaprovechan espacios ya preparados, se ignora el potencial del Ebro y se construye sin cohesión ni belleza. Y uno se pregunta si las decisiones se toman pensando en el bien común o en otros intereses que poco tienen que ver con los vecinos. Porque Logroño podría ser mucho más… pero así, desde luego, no vamos por buen camino».
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