Con el sueño aún pegado y las mochilas a medio cerrar, a las 7.05 de la mañana la nueva estación intermodal ha vivido su primer viaje: el autobús que une Calahorra con Logroño ha arrancado motores y se ha convertido, sin discursos ni cintas, en el estreno real de una infraestructura largamente esperada. La inauguración oficial será con numerosos políticos, pero la vida, como casi siempre, se ha adelantado.
La mayoría de los primeros viajeros han sido estudiantes, todavía medio dormidos, pero curiosos. «Bajar hasta la estación no cuesta tanto… ya veremos luego a las cuatro cuando toque subir», comentaban entre risas resignadas los primeros estudiantes. De momento, contentos con el cambio. Aunque no han faltado las dudas prácticas: «Hoy no hace frío, pero cuando llueva ya veremos, porque al final solo hay una dársena cubierta». José, el conductor, ha ido preguntando uno por uno qué tal el camino hasta la nueva estación. «Venga, que los sábados bien que madrugamos para andar». «Sí, pero no a las siete», ha respondido uno de los chavales.

A las 7.00 en punto, la estación ha abierto oficialmente sus puertas. Cinco minutos después ha partido ese primer autobús, el histórico Calahorra–Logroño, una línea con décadas de historia que hoy ha cambiado de escenario. No ha sido un viaje cualquiera: es el primero de los casi 16.000 autobuses que, solo en 2026, pasarán por esta nueva infraestructura llamada a convertirse en un nodo clave del transporte en la ciudad.
Josi, trabajadora de Adif, daba minutos después la bienvenida a Maite trabajadora desde hace años de Jiménez que estrenaba puesto de trabajo. «Hoy es un poco caótico, la gente aún no sabe dónde tiene que ir, pero poco a poco», explicaba con paciencia. Las preguntas se repetían: si seguirá habiendo paradas en el centro, cómo funcionan los accesos, dónde se espera ahora el autobús. Nada fuera de lo normal en un primer día, cuando todo es nuevo y todavía se camina con cautela.

Casi al mismo tiempo, llegaba el tren procedente de Logroño con destino Madrid, que también estaba de estreno. Entre los viajeros, sensaciones encontradas. Los de Calahorra, satisfechos: «Llegamos antes a Madrid y eso siempre es bueno». Los que venían a trabajar desde la capital, algo menos: «El madrugón ahora es serio… a ver qué hacemos hasta las ocho y media que entramos a trabajar».

Detrás de este estreno madrugador hay años de trabajo y un camino nada sencillo. El impulso definitivo llegó en 2021, en la anterior legislatura, cuando el Ayuntamiento sacó a licitación el proyecto tras un acuerdo con Adif. El objetivo era claro: integrar autobuses y tren en un mismo espacio, cerrar una estación antigua ya obsoleta y ordenar un entorno que generaba molestias a vecinos y peatones. Las obras, adjudicadas a la UTE MLN-PROSERCON por 4,13 millones de euros, se han desarrollado sobre una parcela de más de 10.000 metros cuadrados e incluyen nuevos accesos, la Plaza Intermodal, zonas verdes, itinerarios accesibles y la rehabilitación de antiguas naves para albergar la terminal.

La nueva estación, cubierta con placas fotovoltaicas, ofrece sala de espera, taquillas, cafetería, aseos adaptados, wifi, una sala multiusos y espacios pensados para la movilidad sostenible: aparcabicis, recarga eléctrica y conexión directa con taxis y autobús urbano. La gestión corre a cargo de Autobuses Jiménez S.L. y la financiación ha sido compartida entre el Ayuntamiento, el Gobierno de La Rioja y el Ministerio de Transportes, con fondos europeos NextGenerationEU.
Calahorra ya ha puesto la estación en marcha. Y a veces, la verdad es que los estrenos más importantes empiezan así: con un autobús saliendo al amanecer.


