Apenas 24 horas de encierro han necesitado los nueve miembros del jurado popular para alcanzar un acuerdo. Este martes, en la Audiencia Provincial de La Rioja, han dado lectura a un veredicto rotundo: por ocho votos de nueve, consideran no culpable a Ángel E. M. del asesinato de su esposa, María Mercedes Ontoria, la madrugada del 13 de octubre de 2020 en su domicilio del barrio de Los Lirios, en Logroño. Un fallo que, en términos estrictamente jurídicos, deja una conclusión incómoda: si no fue el marido, el verdadero asesino de Mercedes sigue en libertad. Porque los investigadores han descartado casi desde el inicio que aquello fuera un suicidio.
El veredicto llega tras dos semanas de juicio intensas, con un desfile de testigos, investigadores de la Policía Nacional, forenses y peritos. Al cierre de la vista, la Fiscalía se mantenía firme: 22 años de prisión por un delito de asesinato con alevosía y 100.000 euros de indemnización para el hijo de la pareja. La acusación particular, en nombre de los ocho hermanos de la víctima, pedía la misma pena y 30.000 euros para cada uno de ellos. La defensa reclamaba la absolución por falta de pruebas objetivas. Y el jurado, finalmente, inclinó la balanza hacia el «no culpable».

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
La lectura del veredicto ha dejado clara constancia de los hechos que el jurado ha declarado probados por unanimidad: que María Mercedes estaba casada con Ángel Eduardo Madrigal Ayala; que Ángel viajó el 11 de octubre a Gumiel de Mercado (Burgos) para ayudar en la vendimia de su hijo; que el 13 de octubre, a las 18:31, llamó al 112 tras hallar a su esposa sin vida, sobre un charco de sangre, junto a un cuchillo, y avisó después a familiares y amigos comunicando que Mercedes se había suicidado. También ha quedado acreditado el patrón lesivo: heridas incisas en el cuello y puñaladas en tórax y abdomen, con un resultado mortal descrito por forenses como shock cardiogénico, lesión miocárdica y shock hemorrágico.
Sin embargo, el núcleo del caso —si Ángel volvió de madrugada a Logroño, discutió con su esposa y la atacó por sorpresa para después regresar a Burgos— ha quedado, por mayoría, no probado. El jurado ha razonado que no existen registros que acrediten ese desplazamiento nocturno, ni imágenes útiles de cámaras próximas, ni testimonios vecinales que avalen una discusión o ruidos en la franja de 1:00 a 6:00.
Tampoco el ADN de Ángel en las manos y uñas de la víctima despejó las dudas: los peritos explicaron que es compatible con la convivencia, que puede persistir pese al aseo, y que no permite concluir una defensa activa. El jurado ha añadido además observaciones de la primera inspección ocular —lavadora abierta, ropa tendida, útiles domésticos en uso, balcón abierto— para sugerir que la ventana temporal del fallecimiento podría no coincidir con la barajada por la Policía, lo que introduce aún más incertidumbre.
Del suicidio al asesinato machista
Este caso nació torcido, y el relato procesal lo evidencia. La muerte de Mercedes trascendió meses después del suceso por un informe del Ministerio de Igualdad, no por los cauces policiales ordinarios. Hubo una primera investigación como suicidio durante cuatro meses antes de virar a homicidio. En paralelo, en el juicio del Caso Álex se intentó atribuir a José Manuel Almeida el asesinato de Mercedes, hipótesis que se desmoronó con el cotejo de huellas y ADN. Todo ello desembocaba en un juicio tardío, cinco años después de los hechos, «trufado de dudas», con pocas o ninguna evidencia concluyente sobre la autoría.

El veredicto, además, vuelve a abrir la grieta de un cisma institucional que se vivió en La Rioja donde tanto el Ministerio como la Policía apuntaban al asesinato machista, mientras los tribunales habían descartado esa calificación durante el avance procesal. En medio, una familia partida. La lectura del jurado recordó que Mercedes tenía ocho hermanos y un hijo que cargan con un duelo que se ha quedado enquistado y una pregunta amarga: entonces, ¿quién mató a Mercedes?
El fallo devuelve el caso al punto de partida: no hay culpable. Y si no hay culpable, hay un asesino suelto. También debería quedar el compromiso de seguir investigando cuanto sea posible la verdad de lo sucedido.


