Los ayuntamientos son, sin duda, la administración más cercana al ciudadano, el primer lugar donde se tramita una ayuda, se pide una licencia o se consulta una duda. Pero, a veces, esa maquinaria administrativa funciona a base de remiendos. Si un puesto es clave en un Ayuntamiento es el del secretario municipal. En los más pequeños es el incluso el único. De los 91 puestos de secretarios municipales que existen para los 174 municipios, solo unos pocos están cubiertos por funcionarios con habilitación nacional, los únicos que han superado la oposición estatal que les permite ocupar plaza fija. El resto se mantiene a base de interinos y sustituciones sacadas de una bolsa regional que, según reconocen desde el Gobierno, «hay que tirar de ella casi cada semana».
Cuatro de esos puestos en la comunidad son de primera categoría -Logroño, Calahorra, Haro y Arnedo- y existen otros cinco de segunda para municipios grandes. Los 82 restantes se reparten entre pueblos más pequeños y 41 agrupaciones municipales, donde un solo secretario debe atender varios ayuntamientos a la vez. «Faltan secretarios municipales en La Rioja, pero es un problema generalizado en toda España», admite Óscar León, director general de Política Local. No hay más que tirar de hemeroteca para comprobar que prácticamente en toda España faltan estas figuras e incluso que existen consistorios al borde del colapso administrativo por ello.
El problema es estructural. Para ocupar una plaza fija se necesita aprobar una oposición nacional, y aunque las plazas riojanas salen en esos concursos, apenas se presentan candidatos locales. «Somos una comunidad pequeña y hay poca vocación», resume León. En cambio, en comunidades vecinas como Aragón hay más aspirantes. «Muchos comienzan aquí su carrera porque estamos cerca y luego piden traslado a su tierra. Cuando eso ocurre, nos quedamos al descubierto», explica.
Cuando se produce una vacante, el Gobierno de La Rioja recurre a una bolsa regional de interinos, compuesta en su mayoría por licenciados en Derecho. Pero esa lista también tiene límites. «La que teníamos se agotó el año pasado y fue un periodo muy complicado. Tuvimos que crear una nueva, y hubo semanas con tres o cuatro llamamientos seguidos. Ahora está más regulado y no ha fallado nadie, pero seguimos recurriendo a ella constantemente», explica León.
La falta de relevo generacional agrava la situación. Muchos secretarios que entraron en los primeros años de la democracia están a punto de jubilarse, y los concursos nacionales acumulan retrasos. El de 2024, por ejemplo, lleva un año pendiente, lo que impide incorporar nuevas promociones. El problema es que cada baja o traslado ralentiza la gestión municipal. Ponerse al día no es fácil cuando los papeles se han acumulado durante meses encima de la mesa.
En municipios como Ezcaray, la situación es urgente. Su secretaria, procedente de Asturias, ha solicitado una comisión de servicios para volver a su tierra, pero no puede marcharse hasta que haya relevo. «Hemos publicado la oferta, pero sabemos que no vendrá nadie», reconoce el alcalde, Diego Bengoa. «Teniendo en cuenta que la oposición se resuelve en febrero, damos por hecho que tendremos que esperar hasta entonces».
Vidas entre expedientes y kilómetros
Detrás de cada despacho municipal hay historias de vocación y sacrificio. La secretaria de Pradejón es un ejemplo. Llegó desde Aragón tras aprobar dos de los tres exámenes de la oposición nacional. Rechazó plazas más cercanas a su casa y se quedó en La Rioja. «Hay muchísimo trabajo y demasiada burocracia. No se puede aplicar la misma normativa a un municipio grande que a uno pequeño. Aquí tenemos suerte porque hay más personal, pero en otros sitios el secretario está solo y hace de todo, además depende mucho del alcalde que te toque, yo en eso he tenido suerte».

Lo sabe bien Guillermo, secretario de Brieva, Canales, Mansilla y Villavelayo desde 2003. «Tienes que hacer de todo: desde las cuentas generales hasta los empadronamientos, pasando por licencias o asesoramiento jurídico. Nos exigen lo mismo que a un ayuntamiento grande, pero sin técnicos. En mi caso, multiplicado por cuatro».
Su rutina implica trabajo fuera de horario y tratar con cuatro alcaldes distintos: «A veces cuesta hacerles entender que no es que no quieras hacer algo, es que la ley no te deja». Aun así, se siente satisfecho: «Aquí estoy bien. Me organizo sólo. Sabes que si no lo haces, nadie lo va a hacer. Sabes que el trabajo tiene que terminar saliendo». Se encargan de todo lo que pasa de puertas para adentro del Ayuntamiento y además son los que dan la cara ante los vecinos.
Ahora se han puesto en marcha procesos de estabilización que permitirán a muchos interinos consolidar su plaza, y cursos de formación para nuevos incorporados. «La demanda es tan alta que hay trabajo asegurado para años», señalan desde Política Local.
Mientras tanto, la realidad sigue siendo la misma: secretarios que encadenan varios municipios, alcaldes que esperan informes para pagar facturas y expedientes que se acumulan hasta que llega el relevo. Son el engranaje invisible que mantiene en pie los ayuntamientos riojanos, el primer escalón de la administración y, a veces, el último en recibir refuerzos.


