Lo que empezó como una fiesta importada que veíamos en pelis americanas se ha convertido en una tradición adoptada. En La Rioja, los bares preparan sus fiestas temáticas, los peques se disfrazan en el cole y en los escaparates ya empiezan a verse calabazas.
La noche del 31 de octubre se ha conviertido en una velada terrorífica donde cada vez más gente se disfraza y decora sus casa y comercios. La oferta lúdica se ha disparado en los últimos años el día de Halloween y, aunque sea a última hora, un disfraz o complemento cae. «Este año están pidiendo muchísimo K-pop, pero está completamente agotado, así que los clásicos siguen siendo los que mandan: vampiros, Dráculas, brujas… de todo un poco», explica Pepe García, propietario de Carrusel.

Está claro que, aunque los clásicos no fallan, las tendencias en el mundo de los disfraces cambian mucho año tras año, sobre todo teniendo en cuenta las películas, series o videojuegos que se encuentren en el top de los ránquines de popularidad. Por ello, la elección del público riojano para este Halloween no está dejado al azar: ‘Las guerreras K-pop’ ha logrado convertirse en la película más vista en la historia de Netflix, por eso los trajes de Rumi, Mira y Zoey se han agotado.
Y otro de los disfraces que no han fallado este Halloween es todo lo que tenga que ver con la familia Addams. «Miércoles y su estética gótica es otro de los disfraces más demandados». Los vestidos negros con cuello blanco desaparecieron de las perchas. Vuelve a demostrarse que cuando un título se hace viral, sus atuendos se convierten en opción predilecta para esta celebración.

Viendo los personajes más virales del momento, hay que hacerse una pregunta: pero, ¿Halloween no es una fiesta de miedo y terror? Pepe lo tiene claro: «No, ya no da miedo. Esto viene de América desde hace muchos años. Allí ya no hace falta disfrazarse de terror; se ha convertido en una fiesta más, en la que te puedes disfrazar de lo que quieras. Y eso poco a poco se está empapando aquí». Es más, «hay personajes que no son de miedo, pero la gente los pide igual. Y si no dan miedo, se les pone un poco de sangre o heridas y ya sirven, como las batas de los médicos».
Otro aspecto que va cambiando con los años es la manera de disfrazarse. Lejos quedan los tiempos de las cuadrillas coordinadas que recorrían la ciudad disfrazadas de un mismo tema. «Antes había más demanda de disfraces de grupo; ahora cada uno va a su libre albedrío», cuenta Pepe. «El concepto de cuadrilla se ha perdido un poco. En un mismo grupo te puedes encontrar desde un payaso a un vampiro, una bruja, Drácula o Frankenstein».
Lo que no varía de año en año son las costumbres de última hora. «La gente sigue apurando hasta el último momento, cada vez más, pero aquí estamos, hasta última hora, dispuestos a atender a todo el mundo».

Pero Halloween no se queda únicamente en el disfraz. La Rioja se transforma entera: bares, locales comerciales y hogares se convierten en pasajes del terror improvisados, castillos encantados o cementerios iluminados con luces rojas. Cada espacio compite por ser el más espeluznante, el más creativo o, simplemente, el más divertido.
La hostelería suele buscar piezas grandes, económicas y que tapen mucho. «Las típicas telas de araña, bien estiradas, cubren mucho y quedan espectaculares».
En cambio, en los hogares, la decoración busca el detalle: calabazas luminosas, guirnaldas naranjas y pequeñas figuras de bruja que dan la bienvenida en la entrada. «Para sus casas, la gente busca cosas más pequeñas, para el salón o el recibidor. Y si tienen jardín, algo con luces y color». Eso sí, cada vez más clientes eligen productos reutilizables, con la vista puesta en el próximo octubre.


