Sucesos

La Rioja dirige la operación contra una red que distribuía cocaína y hachís por toda España

La Guardia Civil ha detenido a 31 personas integrantes de una organización criminal dedicada a distribuir cocaína y hachís por España, como en La Rioja, oculta en vehículos que contaban con sofisticados sistemas para esconder la droga. El importante operativo del Instituto Armado se llevó a cabo el pasado 30 de septiembre, con una detención y registro en una vivienda de la calle Beatos Mena y Navarrete de Logroño.

Según ha informado la Dirección General de la Guardia Civil, la operación Vilda se ha saldado, además de con estas detenciones, con la incautación de 600 kilogramos de hachís y 1,5 kilos de cocaína, en tanto que se han intervenido doce vehículos, cinco de los cuales dotados de sistemas de caleteados y seguridad muy complejos que elevaban el valor de los coches hasta los 70.000 euros.

La organización, asentada en Madrid y Toledo, distribuía droga en todo el país, especialmente en País Vasco, La Rioja, Castilla y León y Asturias. Contaban con pisos en las localidades de Yuncos e Illescas (Toledo) como guardería de las sustancias.

Las investigaciones, dirigidas por el Juzgado de Instrucción número 3 de Logroño, se iniciaron a principios de año cuando los guardias civiles, a raíz de varias operaciones relacionadas con el tráfico de drogas, tuvieron conocimiento de la existencia de una organización criminal que estaría distribuyendo distintos tipos de sustancias de drogas por el territorio nacional.

Detención de uno de los miembros de la banda en la calle Beatos Mena y Navarrete de Logroño, el pasado 30 de septiembre. FOTO: Daniel Ortiz.

Los agentes pudieron constatar que dicha organización utilizaba para el transporte de la droga vehículos con dobles fondos con sistemas de apertura muy sofisticados, que combinaban mandos a distancia e imanes de los propios mandos del vehículo.

A pesar de contar con estos sistemas, también utilizaban vehículos de alta gama como lanzadera con el fin de detectar posibles controles policiales en las rutas.

Los cabecillas de la organización criminal tenían distribuidores periféricos, encargados de la venta en su provincia y en las limítrofes. De esta forma, la organización mantenía sus roles diferenciados, desde la dirección hasta la distribución, el transporte o la guardería de la droga, sin mezclar funciones entre ellos, por lo que no tenían conocimiento del resto de integrantes.

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