El silencio absoluto ha llegado por la noche a Matute, el municipio riojano del Alto Najerilla con menos de un centenar de habitantes. Desde hace unas semanas, el reloj de la torre de la iglesia de San Román que durante décadas ha marcado las horas con su característico tañido, ha dejado de sonar entre las diez de la noche y las ocho de la mañana.
La decisión no ha sido voluntaria. Una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja (TSJR) ha dado la razón a una vecina que denunció el ruido nocturno del reloj por vulnerar su derecho al descanso. El fallo obligaba así al Ayuntamiento de la localidad a mantener el silencio en ese horario y a indemnizar a la denunciante con 3.000 euros por los daños morales sufridos.
Una cruzada que esta vecina -que según el alcalde Jacinto Clemente lleva muchos años viviendo en el pueblo- comenzó en 2022 después de denunciar ante distintas administraciones como la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, el propio Ayuntamiento de Matute, el Gobierno riojano e incluso el Defensor del Pueblo, sin lograr respuesta. Finalmente, el caso llegó a los tribunales.
El primer fallo judicial ya ordenó desactivar el mecanismo durante la noche, aunque rechazó la indemnización. Sin embargo, el Ayuntamiento recurrió, alegando que el reloj era de titularidad eclesiástica y que su tañido estaba amparado por la Ley del Ruido. Ahora, el TSJR ha rechazado estos argumentos y ha confirmado la condena: el Consistorio gestiona el reloj y, por tanto, es responsable del exceso de ruido.
En el pueblo, la noticia ha caído como un jarro de agua fría. Muchos vecinos, especialmente los de mayor edad, consideran que el sonido del reloj forma parte de la identidad de Matute. «Las campanas han sonado toda la vida, desde que se hizo la torre», explica Jacinto Clemente. «Yo tengo 57 años y las he escuchado siempre. Para la gente mayor es una referencia. Nadie se había quejado jamás».
El alcalde asegura que el Ayuntamiento acató la primera sentencia y ordenó apagar el reloj por las noches, pero volverá a recurrir el fallo. «No nos queda otra que intentarlo. Este sonido es un símbolo del pueblo y de la noche a la mañana molesta a una persona. La mayoría de los vecinos, incluso los que viven justo debajo de la torre quieren que suene. A ellos no les molesta y están al lado».
En este caso, el TSJR ha considerado que el ruido supera los límites tolerables y afecta a la tranquilidad nocturna de la denunciante. El alcalde, sin embargo, insiste en que el reloj no sonaba más fuerte que antes, es más, «hace tiempo hacía mucho más ruido, pero lo regulamos. Y aún así, esta vecina dice que no puede dormir y el juez le da la razón. Yo trabajo de noche y cuando llego a casa me despiertan las obras, los pájaros, el devenir del pueblo y no se me ocurre denunciarlo».
De momento, y hasta que la Justicia diga lo contrario, el reloj de la torre de Matute seguirá en silencio durante la noche, pero los vecinos no se resignan: «Lo que queremos todos es que vuelva a sonar. Al final es parte de nuestra vida y de la vida del pueblo» lamenta Jacinto.


