No había tiendas de campaña ni tumbonas, pero las filas que se han organizado a las puertas de las agencias de viajes riojanas desde primerísima hora de este martes bien podrían parecerse a las ‘acampadas’ que hacen los fans ante un concierto de Taylor Swift. Porque ya sabemos que los jubilados son de madrugar y más cuando se están jugando las vacaciones, así que, después de la primera experiencia de este lunes para coger los viajes del Imserso, esta jornada se ha desatado la guerra.
«Si abro la boca es para jurar, así que no sé si decirte lo que pienso». Con esta frase ya se masca la tragedia. 10 de la mañana, segundo día de venta de los viajes del Imserso y los mayores esperan con la paciencia justa y la indignación a flor de piel. «¡Si es que esto es un cachondeo! ¡Y cada año igual, aunque esta vez se están llenando de gloria!», exclama una mujer con el papel en la mano sabiendo cómo va a acabar la película.
Y no le falta razón. Este año, las plazas casi se han agotado en cuestión de horas. «Antes eran ochocientas mil, ahora la mitad», comenta otro jubilado resignado mientras intenta hacer números con la esperanza de pillar algo por Andalucía, que «allí hace bueno y el pescaíto está rico». Eso sí, los números bailan según vayas hablando con los grupos de pensionistas que esperan, aunque hay alguno que llega con la lección bien aprendida: «Para esta temporada han habilitado 879.213 plazas en toda España, 7.056 menos que el año pasado». Ojo la exactitud.

Conforme avanza la fila, el murmullo sube de tono. «Yo llevo tres años detrás y todavía no he podido ir», dice una señora bien abrigada que delata que lleva allí desde primera hora. «Pues no te queda nada. Diez años llevo yo pidiendo y por fin el año pasado me pusieron en reserva». Una mujer que escucha desde el fondo responde con sorna: «Lo de reserva suena muy bonito, pero al final es como cuando te dicen en el médico ‘ya te llamaremos’ y nunca te llaman». Está claro que aquí se reparte juego para todos.
La palabra ‘reserva’ se repite como el estribillo de la canción del verano que ha pegado con fuerza, ese que no se te va de la cabeza. Aunque no siempre conlleva un mal final. «Yo el año pasado estuve de reserva, y mira, al final me llamaron en noviembre y muy bien, todo estupendo, pero eso de estar esperando como si te tocara la lotería…», cuenta otra jubilada. «Y lo peor es que los hoteles son muy buenos, pero la gente parece que no ha comido en años. ¡Cómo arrasan los bufés!».
El enfado no impide que el humor florezca entre las quejas. «Nos dicen que tenemos prioridad los que no hemos viajado nunca. ¡Pues yo llevo tres años sin poder ir y sigo sin prioridad! Me toca más veces el bingo que esto», bromea un hombre con bastón, arrancando carcajadas entre el grupo. A lo que otro añade: “Hablando de bingo… en esto del Imserso unos cantan línea y otros seguimos tachando números, pero nunca llega el premio».
Otros se lo toman con más filosofía. «Nosotros somos del segundo turno. Siempre somos del segundo turno, así que ya estamos acostumbrados a comernos las sobras». Los destinos concretos, además, se han sabido este año a ultimísima hora. «Hasta el viernes por la tarde no dijeron nada. Y claro, si empiezan a vender el lunes, ¿cómo quieres organizarte?», comenta otra pareja. «No sabías si era Torremolinos, Benalmádena o el desierto del Sáhara. Y Benidorm ni aparece. ¡Han quitado Benidorm! Eso sí que no se perdona».
Y otra novedad que no ha sentado nada bien es la de poner mayo como temporada alta: «Otros cien euros más, fíjate tú. Entre los recortes y los suplementos, al final el viaje barato sale caro». El nuevo sistema de fechas y suplementos ha confundido a muchos. «Nos dicen que por ser temporada alta hay que pagar más, pero, claro, la gente quiere buen tiempo, no irse en febrero con abrigo al mar».

Además, si hay suerte y consigues plaza, tampoco es garantía de comodidad. «Los hoteles están muy bien, eso sí, pero te mandan a tomar por saco», se queja un hombre entre risas. «Uno estaba en los Realejos, en Tenerife, debajo del Teide. Muy bonito, sí, pero lejos de todo. Tenías que coger tres guaguas como dicen ellos para ir a la playa. Nos tenían en el extrarradio, ¡más perdidos que los de Cuéntame en Benidorm!». Menos mal que el humor no se pierde.
Entre las novedades que más desconcierto han causado están los llamados ‘viajes de 50 euros’, destinados a pensionistas con menos recursos. «Pero esos ya se los han llevado todos los que no están tan necesitados. Y los demás, pues aquí estamos, mirando escaparates mientras esperamos». Su marido le da un golpecito en el brazo y le llama la atención susurrándole: «Mujer, no digas eso que no lo sabemos. Eso son cosas tuyas».
Las cabezas se mueven de un lado a otro en un gesto que mezcla enfado, incredulidad y ese sentido del humor que solo da la edad y la experiencia. «Yo ya no me caliento», dice uno antes de entrar a la agencia. «Si no me toca viaje, me cojo el autobús a Arnedillo y me hago el balneario por mi cuenta»
La puerta de la agencia se abre y sale un grupo de dos matrimonio riéndose resignados y adelantando la tragedia: «Solo queda Peñíscola en febrero. ¿Alguien lo quiere?». Fuera, en la calle, el grupo se dispersa lentamente. Algunos se van a tomar un café, otros a casa a «mirar por internet, a ver si hay suerte», pero todos coinciden en lo mismo: «Lo del Imserso es como el turrón: llega cada año, promete mucho, y cuando te das cuenta, ya no queda».


