Ahora que el verano ya se ha despedido y los días empiezan a acortarse, los montes riojanos se llenan de un sonido que estremece y fascina a partes iguales: la berrea. Es el bramido de los ciervos machos durante la época de celo, un espectáculo natural tan salvaje como hipnótico, que convierte cada rincón de las sierras en un escenario único.
Michel Marín, agente forestal en La Rioja, lo explica con la serenidad de quien conoce bien la montaña: «La berrea consiste en los bramidos de los machos para marcar territorio, disuadir a posibles competidores y dejar clara su fuerza ante las hembras. Es una manera de hacerse notar en el monte, de mostrar poder y estatus». No es un simple sonido: es un lenguaje que anuncia la continuidad de la especie.
En los últimos años, la berrea ha pasado de ser un fenómeno natural casi secreto a convertirse en un atractivo turístico de primer orden. Cada otoño, decenas de personas suben a las sierras riojanas para escuchar y observar este ritual. Pero no todo vale, y Michel insiste en la importancia de hacerlo con respeto y precaución: «Hay que tener mucho cuidado en cómo se acerca uno. Es un espectáculo real, con animales salvajes que pueden tener comportamientos impredecibles. Nuestra presencia debe pasar desapercibida y nunca debemos dejar rastro en el monte».
La recomendación es clara: disfrutar de la berrea desde la distancia, con buenos prismáticos, y evitar la tentación de acercarse demasiado. «No hace falta esconderse en una pradera para tenerlos a dos metros. Desde una pista forestal podemos verlos con más seguridad y sin molestar», señala el agente forestal.
Los ciervos, normalmente huidizos, pueden reaccionar de forma inesperada en esta época de celo. «Están tan obsesionados en el celo que, en ocasiones, pueden vernos como competidores y reaccionar de forma peligrosa», advierte Michel. Además, a esto se suma un factor que muchos visitantes olvidan: el otoño también es época de caza. «Eso significa disparos en el monte, y si alguien se adentra demasiado o lo hace sin señalizar su presencia, puede correr un riesgo innecesario», explica.
La afluencia de fotógrafos de naturaleza también se ha disparado en los últimos años. La fotografía de fauna exige paciencia y cercanía, pero esa búsqueda de la imagen perfecta puede derivar en molestias a los animales y, en algunos casos, incluso en sanciones administrativas. Interferir en una actividad cinegética autorizada, recuerda Michel, puede acarrear una denuncia.
Pese a las advertencias, hay un consenso claro: La Rioja es un lugar privilegiado para disfrutar de la berrea. Desde las sierras del Alto Cidacos y Ezcaray hasta el Camero Viejo, Cebollera o el Alto Najerilla, los enclaves son numerosos. «En el sur de La Rioja prácticamente en todas las sierras hay posibilidades de escucharla», apunta el agente forestal. Zonas como Muro de Aguas, Enciso o Villoslada de Cameros ofrecen cada otoño momentos inolvidables para quienes saben escuchar y observar con paciencia.
La densidad de ciervos varía según la zona, pero la magia es la misma en todas: el silencio roto por un bramido grave que resuena entre los pinos y las rocas, seguido del choque de cornamentas de dos machos que miden fuerzas. Escenas que nos recuerdan la fuerza indómita de la naturaleza.
«Lo mejor para disfrutar de la berrea es hacerlo con precauciones y con cabeza: no molestar a los animales, no correr riesgos y disfrutar desde una distancia segura», resume Michel. La clave está en recordar que se trata de un proceso vital para los ciervos, no de una atracción turística puesta en escena.


