San Mateo

El magisterio de Urdiales se impone a la frescura de Palacio en el mano a mano improvisado

Foto: Raquel Manzanares (EFE)

Llegaba la tarde marcada por los cambios del cartel. Tan a última hora, tan extraños, tan raros. Algo tuvo que pasar para que Aguado y Roca Rey dejaran en vergüenza a una empresa que demostró no tener cintura, ni recursos y ni tampoco imaginación. Ensimismada en sus números y ya. No pareció ser el motivo de las dos notables ausencias el encierro de Núñez de Cuvillo, fuerte, altote y algo bastito, pero nada fuera de lugar. De muy buen juego y muchas posibilidades, por cierto. ¿Acaso serían los dineros? Pocas variables más se me ocurren.

Aquello quedó en un mano a mano a modo de solución improvisada: 26 años de alternativa contra 4 días de doctorado. Nula competencia. Todo como sin sentido. Tampoco fue rotundo el triunfo de Palacio dos días atrás en La Ribera más barata que se recuerda para cargar y premiar al joven aragonés con tanta responsabilidad. El caso es que la taquilla no se resintió todo lo que se esperaba y muchos lamentaron no ver a Roca ni a Aguado con el sentimiento del engaño por runrún. En lo positivo, quedaba ver a Urdiales con un toro más.

EFE/ Raquel Manzanares

Y, en efecto, aquello fue lo mejor. Urdiales ofreció una clase magistral de toreo frente a sus tres toros. Un magisterio tan inusual en estos tiempos de prisas y efectismos. Una lección de tiempos, distancias, alturas, poder, tacto, gusto y torería. Un toreo deletreado. Ofrecido para ser paladeado.

Muy pronto se llevó Urdiales a su primer oponente a los medios. Y allí, el de Cuvillo se tragaba los dos primeros por el derecho, mas casi nada a partir de ahí, que era cuando se afligía, se sentía podido y se descomponía bajo aquellas formas mandonas de Urdiales. Cambió Urdiales de pitón y llegó ahora un toreo al natural de enorme despaciosidad; tan embebido el toro en los vuelos de la muleta, tan cosido en los flecos.

Ya sin música, Urdiales siguió ahondando por aquel noble pitón izquierdo para dejar un lance interminable, rematado mucho más allá de la cadera, casi en las lumbares. Fue un cañón con la espada y paseó las dos primeras orejas de la tarde.

EFE/ Raquel Manzanares

Hizo tercero un toro ofensivo, excesivamente alto y que no terminó de descolgar durante toda la lidia. Aprovechó los buenos viajes del pitón derecho Urdiales en un saludo a la verónica mecido y rematado en los mismos medios del ruedo. Aprovechó Palacio su turno para quitar por chicuelinas sin gran lucimiento y y descomponer los viajes de un toro todavía encampanado.

Trató Urdiales descomponer tirar de tacto y suavidad para someter unas embestidas que sólo se humillaban en el cenit del muletazo y tampoco del todo. Prescindió de los toques al natural para tan sólo acariciar aquellas embestidas a las que no les sobraba recorrido. Un nuevo someter al toro por bajo, en busca de aquel necesario descolgar, desprendió gusto y sabor, precediendo a un pinchazo que se llevó cualquier botín posible.

El quinto fue tan ofensivo como este tercero. Fue al caballo al relance y sacó sus pies y su fuerza en banderillas. Y en esas, comenzó Urdiales a ahormarlo a dos manos. Se alternaron los pasajes de mano baja aquí para someter y los de dar oxígeno por arriba. Todos tuvieron su belleza. Y aquí Urdiales dio sitio y el toro de Cuvillo se arrancó de lejos en dos series en redondo que sirvieron para limar aquel temperamento. Dio Urdiales sus ventajas al toro y fue sintiendo el animal aquel poderío del riojano, afligiéndose por momentos.

EFE/ Raquel Manzanares

Al natural, no tuvo todo el poder necesario para seguir el trazo caro planteado por Urdiales. Al de Arnedo le sonó un aviso toreando en redondo con su oponente ya muy parado. Tres molinetes a cámara lenta precedieron un estoconazo de los que ya no se ven: aquella suerte tan bien ejecutada, tan derecho Urdiales tras el estoque para dejarlo en el mismo hoyo de las agujas. Sólo la estocada valía ya más de un trofeo, pero en eso se quedó todo pese a la mayoritaria petición. Aquel cañón con la espada sirvió para abrochar una tarde de total maestría.

La frescura de Aarón Palacio sirvió para no echar de menos ni a Aguado ni a Roca. El de Biota trajo consigo ese aire renovado, esa hambre torera, toda su inteligencia innata. Pero se se las vio frente a un maestro en pleno apogeo y en todo su esplendor.

Dedicó su primer oponente a Urdiales en señal de respeto y abrió su obra flexionándose por bajo en un prólogo poderoso y de cierta vibración. Fue entonces cuando, más allá del tercio, Aarón planteó una serie en redondo en la que de Cuvillo cabeceó y protestó para amontonarse al segundo muletazo y quedársele al aragonés por la espalda. Inteligente, Palacio echó mano de los molinetes para pinchar y dejar una estocada caída.

EFE/ Raquel Manzanares

Una oreja paseó del cuarto, un toro muy rematado al que Palacio recibió de rodillas con la capa. Dos cambiados por la espalda y un cambio de mano sirvió a modo de apertura de un toro que acudía a los cites con pies y alegría. Hubo gran pulcritud en la obra del aragonés, pero no todo el mando necesario, no terminando de aprovechar todo el viaje de su enemigo. Tuvo sabor y aroma otra vez su toreo a dos manos, ahora en el epílogo, y también aquella trincherilla que rebosó gracia y garbo. Pinchó ahora y paseó un trofeo.

Igualó en lo numérico Palacio a Urdiales en el sexto, otro toro de buena presentación. Como espoleado por lo que acababa de ocurrir, Palacio recibió ahora con un farol de rodillas y otro ramillete de verónicas de buen aire, mejor temple y saliéndose al tercio. Bueno fue un quite de Urdiales por chicuelinas y una media colosal. Y Palacio echó mano de todo lo que estaba a su alcance para conectar con los tendidos y, en verdad, lo consiguió. Eso sí, se fue de rodillas, abusó de los toques, perdió demasiados pasos, echó mano de los circulares y abrochó por manoletinas. Acertó con los aceros y alcanzó a Urdiales en el marcador de los trofeos. Todo lo hizo Palacio con inteligencia y frescura, cierto, pero sin ese magisterio de Urdiales, que es otra cosa. Como también es otra cosa los 26 años de diferencia que habitan entre sus doctorados.

EFE/ Raquel Manzanares

Ficha
– Plaza de toros de La Ribera. Tercera de abono. Casi tres cuartos de plaza. Toros de Núñez del Cuvillo, broten presentados y de buen juego en líneas generales. El mejor fue el sexto y más deslucidos segundo y tercero.

– Diego Urdiales: dos orejas, silencio tras aviso y oreja tras aviso con petición de la segunda.
– Aarón Palacio: silencio, oreja tras aviso y dos orejas.

– Se aplaudió a los picadores Briceño, Espartaco, Manuel Quinta, Mario Benítez, Pedro Iturralde y Pedro Geniz, es decir, todos. Con las banderillas destacaron ‘El Víctor’, Juan Sierra y ‘Mambrú’.
Antes de que saltar el primer toro, el público obligó a Diego Urdiales a saludar una ovación que compartió con Aarón Palacio.

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