Tras el estallido del cohete y la emoción vivida en la Plaza del Ayuntamiento, la fiesta se traslada hasta las calles del casco antiguo de Logroño. Las charangas toman el relevo y con sus trompetas, bombos y saxofones, ponen ritmo a la marea de pañuelos que descienden por la calle Portales.
Al son de pasodobles, jotas y versiones festivas de canciones de siempre e incluso de las más actuales, los logroñeses ‘persiguen’ a las charangas improvisando bailes, saltando y cantando a pleno pulmón.
El destino es claro: la calle Laurel, donde aguardan los primeros vermús, pinchos y los primeros encuentros con gente que ves de año en año. La charanga ‘Strapalucio’, de la Peña Rondalosa, pone los primeros acordes en la zona del Ayuntamiento y Nueva Ciudad; ‘La Brigada’, de la Peña La Alegría, enciende encendido el casco antiguo; y ‘El Estropicio’, de la Peña La Rioja, hace retumbar la zona centro y el este.


