El futuro internacional del aeropuerto de Logroño-Agoncillo encara un momento decisivo. El Gobierno de La Rioja mantiene abierta hasta el próximo 5 de septiembre la licitación de un contrato de 2,7 millones de euros destinado a garantizar vuelos regulares a Londres y otros destinos europeos, pero la inestabilidad del mercado aéreo amenaza con enturbiar el proceso.
La principal sombra se llama Ryanair. La aerolínea de bajo coste, líder en tráfico aéreo en España, ha encendido todas las alarmas al anunciar que recortará cerca de un millón de asientos en la temporada de invierno 2024-2025, que arranca a finales de octubre. La compañía responsabiliza a la subida de tarifas aprobada por Aena y a la «indiferencia» del Gobierno central, y ya ha reducido su presencia en varios aeropuertos regionales, como Santiago, Santander, Zaragoza, Girona, Murcia o Reus.
La decisión llega en un contexto paradójico: el tráfico aéreo vive un auténtico boom, con cifras récord en aeropuertos como Málaga y Sevilla. Sin embargo, la aerolínea irlandesa concentra sus recortes en instalaciones medianas y pequeñas, donde su cuota de mercado es dominante. En Valladolid y Jerez, por ejemplo, ha cesado operaciones por completo. Y en otros siete aeródromos regionales, la tijera de Ryanair ya ha restado 240.000 pasajeros en solo cuatro meses.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha restado importancia a lo que considera una estrategia de presión: «Ryanair quitará pasajeros en aeropuertos pequeños y los aumentará en los grandes». Pero la incertidumbre es real, sobre todo para aquellas infraestructuras que dependen de la llegada de la ‘low cost’.
En este escenario aparece el aeropuerto de Logroño-Agoncillo, cuya licitación para abrir rutas internacionales coincide con la ofensiva de la compañía contra Aena. El contrato, gestionado por la sociedad pública La Rioja 360 Grados Avanza, establece un primer presupuesto de 2,7 millones de euros y prevé un marco de hasta 13,7 millones en siete años. El objetivo es garantizar vuelos regulares a Londres durante toda la vigencia del acuerdo y sumar otros posibles destinos estratégicos en Francia, Alemania, Italia, Irlanda y los países bálticos.
El portavoz del Ejecutivo riojano, Alfonso Domínguez, defendió la iniciativa como una «palanca de desarrollo, competitividad y productividad» para la comunidad. El pliego exige un mínimo de dos frecuencias semanales por ruta y contempla no solo la operativa aérea, sino también acciones de promoción conjunta: presencia de la marca La Rioja en revistas de a bordo, pantallas en aeropuertos, redes sociales de la aerolínea e incluso vinilado de aeronaves.
El calendario, sin embargo, es apretado. Las compañías interesadas deberán presentar sus ofertas antes del 5 de septiembre, en pleno pulso abierto entre Ryanair y el gestor aeroportuario español.
Interés y exigencias de Ryanair
El consejero delegado de la aerolínea, Eddie Wilson, ha reiterado en distintos foros su interés en operar en aeropuertos regionales como el de Logroño, aunque siempre con una condición: un cambio en la estructura de costes y la implantación de incentivos. «Seamos creativos para solucionar el problema», pidió recientemente, tras recordar que España cuenta con aeropuertos «maravillosos» que permanecen vacíos.
Wilson llegó a citar expresamente a Logroño como ejemplo de infraestructura con potencial turístico desaprovechado, al igual que Granada o Pamplona. La compañía asegura que, si se aplicaran modelos de descuentos como en Italia —donde ha logrado transformar el aeropuerto de Bérgamo en uno de los más activos del país—, podrían abrirse rutas estables en ciudades medias con atractivo cultural y enoturístico.
La paradoja es evidente: Ryanair sigue ampliando su oferta en aeropuertos grandes como Madrid, Barcelona o Málaga —donde crece un tres por ciento este año—, mientras pone en jaque a los regionales. Y es precisamente en este terreno donde Logroño busca dar su gran salto internacional.
La incertidumbre que genera la aerolínea coincide con el momento más delicado del proceso administrativo. Si ninguna compañía se presenta a la licitación, el aeropuerto riojano corre el riesgo de seguir atrapado en la marginalidad, con apenas vuelos nacionales y sin conexiones regulares con Europa.
La cuenta atrás avanza y el reloj marca el 5 de septiembre como fecha límite. Entre la apuesta del Gobierno riojano y las exigencias de Ryanair, el futuro de la conectividad internacional de La Rioja se juega en apenas unos días.


