El Rioja

El caballo blanco de batalla en Rioja

Bodegas Tobía, en Cuzcurrita, es fiel defensora del potencial de Rioja en las crianzas de este tipo de vinos

Óscar Tobía, bodeguero de Bodegas Tobía. | Fotos: Leire Díez

Las uvas siempre han estado ahí. Y su potencial, también. Sólo hacía falta mirar en la dirección correcta y con el enfoque adecuado. «Aquí la delicadeza es la clave de todo. Hay que actuar con más mimo, con más cuidado, con más tiempo. Sabiendo que el trabajo es mayor y la dificultad, también. Al menos en las primeras fases de la elaboración, porque hay que dar más vueltas antes de la fermentación y durante esta, controlar más la temperatura». Y es que los blancos de guarda son, precisamente, eso: finura, sutileza, esfuerzo y, sobre todo, tiempo.

A Óscar Tobía, responsable de Bodegas Tobía (Cuzcurrita de Río Tirón) le han servido tres décadas para tener un concepto claro de lo que debe ser un buen blanco y en el que, por supuesto, no ha de faltar la madera. «Porque Rioja es reconocida por sus vinos envejecidos y aquí el potencial es enorme para hacer también blancos criados». Será por eso que en su gama no hay ni un solo vino joven desde 2019. Sin embargo, reconoce que estos blancos son «desconocidos». «Está claro que hace falta mayor promoción. Si desde la DOCa se apostase más por los blancos de reserva sería una de las grandes categorías a tener en cuenta en cuanto a cantidad. De hecho, Rioja es imbatible en los grandes reserva blancos, los que representan el clasicismo. Creo que es la tipología de blanco que debería abrir hueco a Rioja en los mercados a nivel mundial porque es una muy definida y que representa muy bien la personalidad de este territorio», sentencia.

Y se explica, porque en esto de los blancos las crianzas juegan un papel específico: «Aquí nos caracterizan las crianzas muy largas. Crianzas, además, oxidativas, pero en este caso nos quedamos en un punto intermedio entre esta crianzas y la crianza biológica andaluza a la que se asemeja un poco».

Las primeras fermentaciones de Óscar Tobía llegaron en 1994 con un blanco fermentado en barrica «que dio mucho que hablar», más si cabe porque por aquel entonces todas las bodegas que abrían sus puertas por primera vez no lo hacían con un portfolio donde destacasen los blancos. Sin contar tampoco con el papel que han tenido las casas centenarias de esta denominación en crear leyendas blancas que perduran con el paso de los años. «Fui de las primeras dentro de las nuevas en aprovechar ese potencial».

Pese a ser una de las bodegas de Rioja que más blancos diferentes elabora, aún así la producción de tintos se lleva casi el 70 por ciento del volumen de comercialización de Bodegas Tobía. «Al final no hay que olvidar que esta es una denominación de tintos y, ya sea con precios más bajos o con precios más altos, el tinto siempre gana», refleja este bodeguero natural de San Asensio. Pero reconoce que el mercado está cambiando. «Es evidente que la tendencia camina hacia un consumo mayor de blancos, pero es que ya incluso en el consumo de barra te diría que de punta a punta ya se pide más blanco. Otra cosa es ya lo que ocurre en los restaurantes, porque en estos casos depende más del precio del menú, ya que si te vas a niveles más altos creo que el tinto sigue ganando. Lo que también ha cambiado desde que comencé en el sector es la relación con el consumidor. Antes el cliente era fiel a una marca, a un vino, a una bodega, pero ahora predomina la promiscuidad. El público quiere probar de todo y no casarse con nada, lo cual beneficia y perjudica a partes iguales. Por un lado, porque se abre mucho más la oferta y se mejora la calidad, pero por otro cuesta mucho más afianzar al cliente y consolidar una marca».

Lo que tiene claro el gerente de la bodega es que los vinos jóvenes no cumplen con su propósito de conseguir que su producto llegue en las mejores condiciones al consumido final. «Lo mejor es hacer vinos que cuando salgan de casa tengas la seguridad al cien por cien de que va a mejorar en botella, de que no va a haber ningún problema de calidad ni que el vino va a ir a menos. Al final los vinos jóvenes siempre tienen una fecha de caducidad más corta, mientras que la madera es un antioxidante que aporta ese buen envejecimiento y ese empaque que se nota. Nosotros exportamos a 30 países, así que tenemos que tener la certeza de que el producto llega en las mejores condiciones. Además, organolépticamente le da como una dimensión más al vino». Tal es su gusto por la madera que incluso el blanco de su gama más baja tiene dos meses y medio de barrica.

El último en sumarse a esta estirpe de Tobía es un esperado gran reserva, el primero que la bodega elabora en toda su trayectoria. «Y es que para elaborarlo hace falta tiempo, el ingrediente más importante, porque son vinos muy costosos». Tras ocho años de crianza en barrica y botella, el año pasado salió al mercado la añada 2016. «Lo primero, lógicamente, es contar con un protocolo que te permita tener las seguridad de que el vino va a llegar a buen fin. Al final, es mucho arriesgar si decides embotellar 20.000 botellas, así que tienes que estar seguro que el vino no se va a estropear de ninguna manera y que va a ir creciendo en botella para que sea vendible».

Si bien cuando la madera toma tal protagonismo en un vino la fruta de la uva pasa a estar más en un segundo plano, Tobía incide en que hay que saber jugar con las diferentes variedades (sus blancos combinan varias entre sí). «Es normal que los aromas terciarios de la barrica dominen sobre los primarios de la fruta porque es mucho tiempo el que pasa el vino tanto en madera como en botella. La variedad está ahí, pero lo que se crea es más una especie de perfume en el que es complicado separar unos aromas de otros», define.

La bodega, desde «La Rioja altísima» como le gusta a este bodeguero situar a Cuzcurrita, se nutre principalmente de uvas de proveedores de las tres subzonas de la denominación, «porque uva buena hay en todos los sitios, solo hay que saber buscarla con buena acidez». Aunque no cuenta con viñas en este municipio, reconoce que la frescura que aquí abunda es perfecta para un tempranillo blanco o una viura. Un pueblo, recuerda, que forma parte de los orígenes de Rioja como región vitivinícola: «La primera mancha de filoxera que se localizó en Rioja fue a 500 metros de aquí, en una viña de Tirgo. Y, además, las primeras inversiones que hicieron los franceses cuando vinieron a buscar vino están hechas aquí, en Cuzcurrita. Luego ya pasaron a Haro».

Tobía trabaja con todas las blancas amparadas por Rioja a excepción de la verdejo, con la que no guarda una buena relación: «Para mí sobra totalmente en esta denominación. Creo que fue un gran error en Rioja. Lo que hay que intentar es que en las barras de aquí se deje de pedir tanto verdejo de Rueda y se pidan más blancos de Rioja. De hecho es que no podemos competir en precios con vinos jóvenes, en ese juego no somos competitivos por mucho que nos empeñemos porque al final hay zonas donde lo hacen muy bien y a precios más baratos y con mayores producciones, como es el caso de Rueda. Eso sí, cada vez hay más vinos que pueden competir con esta DO».

Y en este largo recorrido que todavía tienen por delante los blancos de Rioja, Tobía pone una tarea al órgano dirigente de la DOCa y a la región en su conjunto: «Lo que deberíamos hacer primero es tipificar un estilo propio para Rioja. Creo que todavía no hemos digerido bien el aporte de las nuevas variedades blancas que que dejaron plantar hace unos 16 años ya y poca gente tiene una lectura de lo que debería de ser un vino para competir en barra con tipología Rioja».

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