El Rioja

Un calendario cambiante para una vendimia de madrugadores

Víctor Escudero extra parte del blanco ya trasegado, lo que es ya el primer vino de la cosecha 2025 en Rioja. | Fotos: Leire Díez

El 13 de agosto no estaba marcado en el calendario de Bodegas Ilurce. Las fiestas de Alfaro en honor a San Roque y San Ezequiel Moreno se disfrutarían antes de cambiar el foco mental y ponerse de lleno en modo vendimias, pero la sorpresa hizo que ese tempranillo blanco repartido en una viña de poco más de dos hectáreas se vendimiara tan pronto como nunca antes siendo así la primera partida de uvas de la campaña de Rioja en entrar en bodega. El motivo: un grado alcohólico y una acidez correctos que llegaron antes de tiempo. «Y estamos convencidos de que acertamos en la fecha de recogida porque en cosa de tres días el grado había subido entre uno y uno y medio y se avecinaba una ola de calor. De haber esperado a que pasaran las celebraciones habríamos cogido una uva con unos parámetros que no buscábamos», apunta Víctor Escudero, quinta generación y enólogo de la bodega.

La garnacha que va a parar al famoso rosado de Ilurce ya está también en los depósitos y ya aquí muestra, tanto en nariz como en boca, todo lo que está por llegar y todo lo bueno (porque también lo hay) que puede dejar esta campaña. «El color todavía es un poco mate, pero es increíble la fruta que tiene», destaca este joven después de abrir la canilla y servirse en una copa. Durante esta jornada no toca vendimiar, tal como se ha fijado en el calendario. Sí se cortó uva hace dos días y se volverá al renque la próxima mañana, así que es día de trabajo en bodega y controles en campo para que no se pase ninguna maduración. «Aquí todo puede cambiar de un día para otro, así son las vendimias. Más si cabe cuando hay tan poca uva», reconoce. Al menos el blanco ya ha acabado la fermentación alcohólica y ya se ha trasegado.

Por delante tienen 48 hectáreas de viñedo que recoger, que van desde los 520 metros en las faldas de la Sierra de Yerga a la zona más próxima al pueblo de Alfaro, aunque ya vaticinan que será una tarea intermitente y rápida porque, entre otras cosas, gran parte de la garnacha tinta se ha perdido. De cara a la próxima semana será el turno de La Casilla, el Viñedo Singlar de la familia que allá por 1918 el bisabuelo Amador injertó y donde incorporó sarmientos de bobal traídos de su viaje de novios a Valencia. Gracias a ello, a las cepas de garnacha que abundan en esta parcela de 2,8 hectáreas se suman también doscientas plantas de bobal. Y, cómo no, también una casa en el medio del viñedo, haciendo claro honor a su nombre. «Hay que tener en cuenta que Alfaro tiene unas 4.300 hectáreas de viñedo, siendo este el término municipal más grande de toda La Rioja, así que antaño estas grandes distancias era complicado realizarlas a diario en carros. Por eso construían viviendas donde alojarse para no tener que regresar a casa con cada puesta de sol». Viviendas que «ayudan a comprender cómo trabajaban antes» y que ahora forman parte del patrimonio vitícola de Ilurce.

Foto: Leire Díez

Hace tres campañas que Escudero aterrizó en la bodega familiar a título profesional. Lo hizo tras pasar temporadas formándose en diferentes regiones. «Si algo bueno tiene la viticultura es que puedes hacer varias vendimias en un solo año». Viajó a Argentina y allí trabajó durante unos meses en Bodegas SuperUco. «Escasa producción y mínima intervención en viñedo. En ese laboratorio tenían lo justo para hacer las analíticas y entendían el vino de otra manera», describe. También metió mano en las vendimias del Prioriat de la mano de su vecino Álvaro Palacios. «Él siempre me animaba a salir fuera a aprender, así que qué mejor manera de hacerlo con él y en una zona, además, completamente diferente a esta. Algo muy salvaje». Por si fuera poco, también toco tierras de Sudáfrica, a donde acudió «para aprender a hacer vino blanco, tocando mucho el chardonnay al estilo de Borgoña». Y de ello también aprendió en casa, en La Rioja. «Estuve en Bodegas Tobía por toda la destreza que tienen en cuanto a vinos blancos y variedades de uva blanca. Con Diego aprendí muchísimo».

Fueron cada uno de esos países, de esas gentes, de esas experiencias vividas las que le dieron la confianza suficiente para abrir una nueva línea de elaboración en la bodega de Alfaro: los vinos blancos. «Hasta entonces, la uva de esa viña de tempranillo blanco se vendía a otras bodegas. «Yo no había visto hacer vino blanco en mi vida y fue fuera donde me curtí en ello. Mi padre siempre me decía que él ya no iba a hacer más cosas nuevas, pero que yo podía probar con lo que quisiera, y así lo hice, poniendo dos condiciones: lo haría a mi gusto y si salía mal el vino pues no se vendería o se dejaría para granel».

Pero, con su firme esperanza y la del resto de miembros de la familia, finalmente la primera añada que se elaboró de este tempranillo blanco fue la de 2023. El primer año se elaboraron 16.000 litros de esta viña que entonces dio una producción alrededor de los 17.000 kilos (tiene 22.000 de papel). Al año siguiente, en 2024, la producción mermó y se elaboraron 12.000 litros. «Y este año, después de la fermentación y con el vino ya trasegado, hemos sacado 6.000 litros». Y es que este 2025 la viña de blanco solo les ha dado 8.000 kilos de uva.

Racimos de tempranillo blanco vendimiado el pasado 13 de agosto.

El momento de esa primera elaboración también tuvo su aquel. Para Escudero, el tempranillo blanco tiene «varios problemas». «Es una variedad que tiene mucho volumen en boca, pero poca acidez. La nuestra, además, está plantada en una zona cálida, por lo que aún es más temprana. Recuerdo que en Argentina hacían los blancos con unas acideces salvajes y luego envejecían muy bien, así que teníamos que intentar con poco grado pero con buena acidez. En 2023 cogimos la uva un 17 de agosto porque buscábamos (y buscamos) un vino más fresco de lo que es habitual para un tempranillo blanco y al principio nos salió algo super ácido que me asustó. Decidí no sulfitar para que hiciera la maloláctica y quitarle parte de acidez, pero aquello nunca hizo la maloláctica. Me sorprendió lo sano que era eso y conforme pasaban los días iba ganando volumen en boca. Nos gustó tanto lo que había que decidimos sacarlo al mercado y la aceptación que tuvo fue muy buena», relata.

Aunque los blancos no llamaron su atención, ya su padre Amador marcó un punto de inflexión en Bodegas Ilurce cuando se incorporó a la bodega, aquella que dio sus primeros pasos desde una casa a los pies del monte La Plana donde los abuelos Amador Escudero y Mari Carmen Carra comenzaron a elaborar vino. «Mi padre estudió Ingeniería Agrónoma y él tenía claro que el tempranillo no iba a ser la variedad dominante en casa. Así que plantó graciano allá por 1995, y también garnacha y mazuelo. Ahora la uva mayoritaria es la garnacha, con un 41 por ciento; seguida del graciano (con un 27 por ciento), el tempranillo tinto (23 por ciento), el tempranillo blanco (5 por ciento) y el mazuelo (4 por ciento)», explica el joven de la familia.

Con todas ellas, además de algunas partidas que compran a proveedores de la zona, elaboran alrededor de 100.000 botellas al año, aunque este 2025 han asumido que esa cifra va a ser más ajustada. «Entre las granizadas y los daños del mildiu, especialmente en el tempranillo, tenemos muy poca uva. Es más este año especialmente han sido muy necesarios los riegos del viñedo para evitar que este pierdan las hojas y así asegurar que la maduración de las bayas se desarrolle correctamente. El riego nos ha salvado, por que si no la merma de producción hubiera sido mucho peor, y eso que venimos de un invierno húmedo. Pero al final si pasan varias semanas sin caer una gota…».

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