Con la vendimia recién empezada en Rioja, las cooperativas de la denominación miran sus cuentas con preocupación ante unas liquidaciones de campañas anteriores que se prolongan en el tiempo y que, a su vez, son muy bajas.
El modelo cooperativista más extendido en estas sociedades se reparte entre la producción que se elabora y se comercializa embotellada y la que se vende a granel, y es en estos últimos casos en donde se aprecian mayores problemas.
«Las operaciones de graneles han sido escasas a lo largo del año y muchas de ellas a precios muy bajos, con la peculiaridad de que este año todavía había bastante vino en las cooperativas de la campaña pasada. Cierto es que ante la evidencia de una cosecha tan corta como la que viene, se ha reactivado el mercado de graneles, como era de esperar. Hay precios un poco más altos, pero es que partíamos de unos muy bajos», apunta Julián García-Plisson, gerente de FECOAR (Federación de Cooperativas Agrarias de La Rioja).
Además, puntualiza, «no todos los graneles valen lo mismo: «Se han pagado bien aquellos que tenían unos niveles altos, que era lo que buscaban las bodegas, pero que a su vez no había o correspondían a partidas muy pequeñas. Lo bueno ha salido pronto, rápido y a buen precio, sobre todo lo blanco, pero en general en el mercado de graneles ha salido a cuentagotas todo. Algunas cooperativas han ido apretando para ver qué podían conseguir y al final han tenido que ceder a propuestas de 8 o 9 euros la cántara (16 litros), lo cual es una auténtica miseria».
Ahora la «incertidumbre» está en la calidad de vendimia que viene y la cantidad, porque las cooperativas han de seguir manteniendo una estructura y unos costes fijos. «Al final se trata de meter uva de calidad, pero también de meter cierto volumen para asegurar la rentabilidad. El problema es que hay cooperativas que van a recibir de sus socios la mitad de kilos de una cosecha normal, así que la situación es muy complicada y desesperante», reconoce el gerente de FECOAR.
A su parecer, opina que «cada vez se vende más uva porque así lo demanda el mercado, tanto las bodegas que apuesta por una mayor selección, como las propias cooperativas, que a su vez se ahorran un coste de elaboración».
Sin embargo, a su vez opina que el propósito de una cooperativa no puede ser dejar de elaborar: «Cuentan con toda una infraestructura diseñada para la elaboración y no usar toda esa maquinaria no es la solución, aunque el mercado es el que manda y hay que hacer las operaciones que este marca. Al final cuanto más diversifiques tus fuentes de ingresos es más positivo para así minimizar riesgos».
En este sentido, «la prioridad absoluta de FECOAR», remarca García-Plisson, «es sacar adelante el estudio para analizar la situación de las cooperativas y tomar las medidas oportunas». Consistirá en un estudio que realizará una consultora y que «servirá para darnos pistas sobre cómo reorganizar el sector cooperativo para que sea rentable». El gerente asegura que «sigue habiendo cooperativas que son rentables pero gracias a su dimensión, por haber diversificado riesgos, por haber invertido,… Es decir, que no hay que generalizar, pero es cierto que lo grueso asusta».



