La Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de Calahorra ha declarado este sábado, en reunión extraordinaria, desierto por falta de ofertas el contrato para la gestión del servicio público de la estación intermodal, cuyos trabajos han finalizado este mes de agosto tras varios meses de retraso sobre el calendario original.
La entrada en servicio de esta infraestructura suma otro nuevo contratiempo, toda vez que apenas tres semanas se anunciase que su funcionamiento no sería posible hasta (al menos) el mes de noviembre, debido a que hasta entonces no se pueden plantar los árboles contemplados en el proyecto; último trámite pendiente para la recepción de la obra.
Un calvario de calendario
La fecha inicial de finalización de las obras estaba fijada para finales del año pasado, pero el Ayuntamiento tuvo que conceder primero una prórroga de tres meses, y posteriormente otra, hasta agosto. Las intensas lluvias de primavera y la necesidad de realizar ajustes en el diseño original provocaron que los trabajos no pudieran seguir el ritmo previsto.
Ahora, la ausencia de licitadores para gestionar la intermodal tiene una nueva derivada: el 31 de diciembre expira el plazo marcado para la entrada en servicio de la estación y planea sobre el horizonte la amenaza de una posible pérdida de los fondos europeos (en torno a un millón de euros) asociados a este proyecto.
En cualquier caso, el Ayuntamiento asegura que la estación podría abrirse al público a lo largo de este año, aun sin ofertas para su gestión. Bastaría con que las obras estuvieran totalmente finalizadas —incluido el arbolado— para que los autobuses comenzaran a operar, aunque sin servicios complementarios. La estación funcionaría de manera básica: sin cafetería ni taquillas, y los billetes deberían adquirirse directamente en los propios autobuses, como ya ocurre en la actual estación de la calle Bebricio, que también carece de gestión externa en estos momentos.
Así, mientras las obras entran en su recta final, los vecinos de Calahorra siguen sin tener una fecha concreta para la inauguración de una estación que, sobre el papel, prometía revolucionar la movilidad local. Árboles pendientes, incertidumbre sobre su futura gestión y carencias en la conexión urbana empañan un proyecto que, a pesar de todo, sigue siendo una de las grandes apuestas de la ciudad en materia de transporte.


