La Rioja

El perfil del paro en La Rioja: mujer, española, sin estudios y de más de 45 años

El 60,48 por ciento de las personas en paro en la región no han terminado la ESO

En La Rioja hay 12.137 personas que no tienen trabajo. Más allá de la cifra, lo que verdaderamente importa es quiénes son. ¿Qué edad tienen? ¿Con qué formación cuentan? ¿Por qué, en un mercado con puestos sin cubrir, siguen sin encontrar empleo? La respuesta no es sencilla porque el paro en La Rioja no tiene un solo rostro. Es un mosaico de realidades que se entrecruzan, aunque hay patrones que empiezan a dibujar un perfil común.

Si tuviéramos que simplificar —a sabiendas de que simplificar siempre deja cosas fuera—, podríamos decir que el perfil más frecuente es el de una mujer, mayor de 45 años, sin estudios básicos y de nacionalidad española. Aunque cada vez menos mujeres figuran en las listas del paro, todavía representan la mayoría. De hecho, el 39 por ciento de los parados son hombres, lo que indica que esa brecha se está estrechando. En los últimos años, el desempleo femenino ha descendido con más fuerza que el masculino.

Entre los más jóvenes, el reparto de género se invierte. En el grupo de menores de 25 años, el 55 por ciento de los parados son hombres y el 45 por ciento mujeres. La juventud también se enfrenta a obstáculos, aunque distintos: contratos temporales, falta de experiencia y una incertidumbre laboral que ha llegado para quedarse.

Pero si hay un dato que sobresale, como una señal luminosa, es el nivel educativo. El 60,48 por ciento de las personas desempleadas en La Rioja no han terminado la ESO. Un dato demoledor que une a perfiles muy distintos y que evidencia una de las principales barreras de acceso al empleo: la baja cualificación. De los parados, solo un 7,14 por ciento tiene una FP superior, y los universitarios no llegan ni al 12 por ciento. No es que no haya trabajo, es que muchos no tienen las herramientas para acceder a él.

La otra cara visible del paro riojano es que muchos de ellos son de larga duración. El 44 por ciento de los desempleados lleva más de un año buscando sin éxito. Y entre ellos, más del 60 por ciento son mujeres. Son personas que han caído en lo que los expertos llaman paro de larga duración, una situación que no siempre es estructural, pero sí muy difícil de revertir. La desmotivación aparece. Algunos incluso dejan de buscar. Cuanto más tiempo estamos inactivos, más difícil es encontrar trabajo después.

Este paro cronificado tiene, además, una mayoría de nacionalidad española: el 85,7 por ciento de quienes llevan más de un año sin empleo son españoles. En conjunto, el 82 por ciento del total de desempleados en la comunidad son españoles, y solo un 18 por ciento inmigrantes.

¿Y mientras tanto? El mercado laboral se mueve. En muchos sectores, hay más vacantes que candidatos. Hay empresas que no encuentran trabajadores. Faltan personas en cuidados, en el transporte, en supermercados… Lo dicen las patronales y lo reconoce incluso el Banco de España: el mayor problema del mercado laboral en los próximos años no será tanto el desempleo como la falta de recursos humanos. La población envejece. Más personas salen del mercado por jubilaciones de las que entran.

Además, ha cambiado la relación de las personas con el trabajo. Ya no se busca tanto un empleo para toda la vida, como una empresa donde merezca la pena quedarse. La fidelidad laboral se negocia. Y eso obliga también a las empresas a moverse, a ofrecer mejores condiciones, a cuidar el talento. Porque ahora la batalla no es solo por contratarlo, sino por retenerlo.

Para los que sí quieren trabajar, aunque cueste, hay opciones. Las oficinas de empleo ofrecen formación, orientación, talleres, acompañamiento individual y grupal. Se pueden adquirir competencias nuevas, aprender a hacer un buen currículum, o descubrir sectores donde uno no se había planteado entrar. No siempre será el empleo deseado, pero sí un punto de partida.

En resumen, el paro en La Rioja no es una cifra fría. Es una realidad viva, llena de personas con historias distintas, pero atravesadas por algunos elementos comunes: la edad, la formación, el tiempo sin trabajar. Comprender quiénes son los que buscan empleo —y por qué no lo encuentran— es el primer paso para construir soluciones que de verdad funcionen.

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