Verano, calorcito, días largos y noches interminables. ¡Qué ganas teníamos de que llegaran estos meses y qué ganas teníamos de una buena fiesta de pueblo! Verbenas, charangas, degustaciones… y en los últimos años espectáculos que se han ganado por derecho el título de ‘Los reyes del verano’: los hinchables y los encierros simulados.
A las procesiones, romerías, conciertos de bandas municipales y mercados se unen ahora las risas, chapoteos y los gritos de niños (y no tan niños) que corren empapados por castillos hinchables bajo el sol. Detrás de esta nueva ‘ola’ festiva está Espectáculos El Torico, una empresa riojana con más de 18 años de experiencia en ocio y animación.
Al frente, Saúl Petite, quien no solo organiza y coordina, sino que vive su trabajo con la pasión de quien ha convertido el entretenimiento en un oficio y en una vocación. «El hecho de estar en un trabajo donde ves que lo que haces se ve reflejado en la diversión de la gente es muy gratificante».

Una sensación que Saúl y su equipo viven cada verano en muchas localidades riojana y de las comunidades vecinas. «Nos gusta hacer espectáculos donde pueda jugar el niño, pero también el abuelo. Queremos que todo el pueblo se lo pase bien».
Y ahí entran en juego los hinchables. Los de toda la vida llevan años en fiestas y patios escolares, sin embargo, los acuáticos —esos castillos inflables adaptados con chorros de agua, toboganes y piscinas— han vivido un auge extraordinario en los últimos 6 o 7 años. «Antes los contrataban unos pocos pueblos. Ahora, julio y agosto están repletos de peticiones». El calor tiene mucho que ver: «Si programas un hinchable seco y hace 35 grados, no se puede usar. Los acuáticos, en cambio, invitan a participar».
Espectáculos El Torico cuentan con unos 60 hinchables diferentes en rotación, tanto secos como acuáticos. Algunos se instalan directamente en piscinas municipales; otros se montan en plazas, calles o parques con un sistema de agua externo. La clave está en la variedad, la adaptación y la seguridad. «Cada pueblo es distinto, cada espacio requiere una solución diferente. No hay dos fiestas iguales. Nosotros estudiamos cada caso y montamos lo que mejor encaje con el público, el aforo y el entorno».

Hay parques de tres elementos para calles estrechas y otros de hasta diez módulos que ocupan una plaza entera. En algunos casos, incluso instalan atracciones con bolas flotantes o estructuras metálicas donde alguien cae a una piscina si un participante acierta con un balón en una diana.
Además, no se trata solo de hinchables para niños. «Nuestros parques son familiares. Se suben niños, adolescentes, padres… y hasta abuelos valientes. La clave es que todos se diviertan juntos».

Lo que poca gente sabe es que estos hinchables no son simples castillos con agua por encima. Son estructuras especiales, más delicadas, con una vida útil más corta. «Los acuáticos sufren más por el cloro, por la humedad, por el uso continuo. Hay que saber cuidarlo», explica Saúl. «No basta con comprar uno. Hay que mantenerlo. Y sobre todo, saber usarlo con seguridad».
Pero lejos de ofrecer siempre lo mismo, El Torico apuesta por una renovación continua. Saúl viaja a ferias nacionales e internacionales para conocer tendencias y comprar nuevos hinchables, a veces importados desde Estados Unidos. «Lo hacemos rotando el material, para que incluso los pueblos que repiten cada año encuentren algo diferente. Hay que arriesgar. A veces compras algo que triunfa, a veces no. Pero si no innovas, repites. Y nosotros queremos que cuando volvamos a un pueblo, la gente diga: ‘A ver qué han traído este año’».

El otro gran clásico de El Torico es su encierro simulado, una actividad familiar que recrea la emoción de los toros de forma segura, sin animales, y con valores de respeto, igualdad y participación. «Llevamos 18 años haciéndolo y sigue siendo uno de los espectáculos más solicitados en las fiestas riojanas».
Para este empresario, «lo bonito del encierro simulado es que pueden correrlo desde los más pequeños hasta los abuelos. Es un espectáculo intergeneracional que crea comunidad. Y eso es lo que buscan los pueblos hoy en día, actividades que no dividan por edades, sino que reúnan».

Una forma de entender las fiestas que ha hecho que empresas como El Torico estén tan demandadas que las contrataciones se cierren con casi un año de antelación. «En la mayoría de municipios, lo primero que se cierra cuando se organizan las fiestas es la parte musical: orquestas, conciertos o discomóviles». Pero desde hace años, Espectáculos El Torico también se ha ganado ese hueco prioritario en el calendario.
«Quien quiere contar con nosotros sabe que tiene que llamarnos al mismo tiempo que contrata la orquesta», explica Saúl Petite. «Nuestras contrataciones se cierran entre octubre y diciembre del año anterior». Tanto es así que a veces hay que decir que no. «Nos da mucha pena, pero este año hemos tenido que rechazar más de 60 pueblos. Y aunque se pierde trabajo, creemos que dice mucho de nuestra forma de entender el oficio».

Porque en El Torico, la filosofía está clara: calidad antes que cantidad. «Podríamos abarcar más, pero preferimos exigirnos al máximo en cada evento. El ‘más es menos’ aquí cobra sentido. Si multiplicas montajes y equipos, aumentas el riesgo de errores. Y nosotros trabajamos con personas, con vidas humanas. Eso hay que tenerlo siempre presente».
El equipo de El Torico trabaja sin descanso en julio y agosto. Entre montaje y desmontaje, apenas hay respiro. Pero saben que lo que hacen genera recuerdos que duran años. Es duro, pero muy gratificante. Cuando ves que una plaza entera ríe, corre, se empapa, y tú has hecho posible eso… sabes que ha valido la pena».


