En una comunidad que rara vez ocupa titulares nacionales por sus intrigas políticas, La Rioja ha sido, sin pretenderlo, la cuna de dos de los episodios más sonados que hoy sacuden a los grandes partidos del país. Una en las entrañas del PSOE, otra en las del PP. Las dos de ámbito nacional, como si los temas importantes se viniesen a tratar a una región en la que poder hablar con tranquilidad. Uno nació en el norte, entre barricas centenarias de Haro. El otro, en el sur, en una sala municipal de Aldeanueva de Ebro. Ambos brotaron casi en la sombra, con la naturalidad de lo cotidiano. Pero el tiempo caprichoso en la mayoría de las ocasiones – los ha puesto en el centro del mapa político español.
Marzo de 2014. Entre brindis y confidencias, cinco ministros del Gobierno de Mariano Rajoy se escapan a La Rioja. El viaje, a ojos de cualquiera, parece una escapada de amigos con sus parejas: García-Margallo, Fernández Díaz, Soria, Arias Cañete y Ana Pastor se alojan en el Hotel Los Agustinos de Haro, cenan en La Vieja Bodega de Casalarreina y visitan bodegas centenarias.
Sin embargo, aquel encuentro no fue tan inocente. Las copas de vino sirvieron de catalizador para algo más profundo: el nacimiento de una corriente crítica dentro del propio Ejecutivo de Mariano Rajoy. En ese ambiente relajado se consolidó un grupo que pronto sería conocido como el G-5, opositor silencioso a la creciente influencia de Cristóbal Montoro. Hubiese sido un viaje más pero las filtraciones, las tensiones por el control del poder y las sospechas de vigilancia desde Hacienda hicieron evidente que algo se estaba gestando. Una década después, Montoro ya no infunde temor en el Consejo de Ministros, pero sí responde ante la justicia.
En el otro extremo de La Rioja, otro episodio que parecía irrelevante ha cobrado, años después, una dimensión insospechada. Fue en febrero de 2017, durante los carnavales de Aldeanueva de Ebro. Pedro Sánchez, aún con las heridas frescas de su caída política, emprendía su ruta de ‘reconquista’ del PSOE a bordo de un Peugeot 407. Le acompañaban Santos Cerdán, José Luis Ábalos y un entonces discreto Koldo García. En una de las primeras paradas, la comitiva recaló en esta localidad del sur riojano. El lugar elegido: la Sala Entreviñas. A la entrada el compañero Fernando Díaz fotografiaba a los cuatro. Entonces nadie imaginaba que esa foto sería portada del caso Koldo y se convertiría en una de las imágenes más compartidas de la actualidad política española.
En aquel momento, Aldeanueva representaba solo una parada simbólica para un líder en reconstrucción. Pero hoy, con el escándalo de las comisiones salpicando a quienes aparecían en esa imagen, el episodio ha cobrado una dimensión inesperada.
Haro y Aldeanueva. Norte y sur. El vino y el carnaval. Lo anecdótico y lo político. Dos escenas que nacieron con formas distintas pero comparten un mismo fondo: fueron el origen de movimientos que ahora resuenan con fuerza en los pasillos del poder. La Rioja ha demostrado que bajo su apariencia tranquila también se escriben los prólogos de grandes historias. Pero todas tienen algo en común: nadie vio venir lo que, años después, sería imposible ignorar.


