El ferrocarril que atraviesa Haro tiene una nueva parada en la ciudad jarrera desde este verano. Ahí, junto a las vías del tren, se levanta una nueva sala de catas y wine bar que abrirá por primera vez al público a partir del mes de agosto. La bodega Marqués de Tomares, en Fuenmayor, es la artífice de este proyecto que lleva por nombre Pagos de Haro y que mira, literalmente, a las cuatro comunidades autónomas que forman la DOCa Rioja: sobre el río Ebro, en territorio riojano, con vistas a Álava, a Navarra y, apurando la perspectiva, a Burgos con los Montes Obarenes como resguardo.
Unos grandes ventanales dan la bienvenida a todo este paisaje de viñedos que abrazan los pueblos y que la familia Montaña, propietaria de la firma, ha sabido captar en el diseño de cada espacio para que la bodega se integre a la perfección con el entorno. No es casualidad el aterrizaje de Marqués de Tomares en Haro y es que ya el abuelo Alejandro, segunda generación, adquirió en su día el antiquísimo calado sobre el que reposa esta construcción que anteriormente albergó un restaurante. A partir de ahí, sus sucesores fueron comprando las diferentes propiedades para, antes de 2020, comenzar con las obras de lo que es hoy en día Pagos de Haro.

Marqués de Tomares es la cabeza del grupo Premium Fincas, con presencia en seis denominaciones de origen españolas (Rías Baixas, Valdeorras, Rueda, Ribera del Duero, Cava y Rioja). Vinos para todos los gustos y públicos que suman también el Champagne Mandois del que son distribuidores. «Aquí se pueden catar todos los vinos que elabora el grupo porque la idea es que el público que nos visite conozca más allá de Rioja, pero sin salir del corazón de la bodega», refleja María Montaña, cuarta generación de la familia y encargada de gestionar la actividad enoturística.

Fue el bisabuelo Román Montaña, «artesano de las viñas», quien empezó con las viñas. Después, el abuelo Alejandro, «maestro vitivinicultor», ya dio el paso a la comercialización, aunque no fue hasta la llegada de su hijo Óscar, padre de María, cuando se amplió mercado con la exportación. La puerta del enoturismo no se ha abierto hasta la irrupción de esta cuarta generación. De hecho, con la apertura de Pagos de Haro, Marqués de Tomares se estrena en esta nueva línea de negocio. «Ninguna otra bodega del grupo está abierta al público, al menos de momento, porque la idea es que poco a poco se vaya extendiendo esta actividad a las demás».

La visita que inaugurará el espacio en los próximos días será todo un viaje en el tiempo que llegará hasta el siglo VI. O al menos eso es lo que aseguran los historiadores que han conocido este peculiar calado de 40 metros de largo. «Los primeros escritos que existen lo datan del siglo XII, pero los expertos aseguran que tiene varios siglos más de historia. Apuntan, también, que la roca que lo conforma fue excavada por esclavos canarios o isleños porque en ella dejaron su propio sello: marcas en la piedra simulando una palmera», explica Montaña.
Un calado que da fe de que allí el vino ‘corrió’ por los diferentes canales creados que unían los antiguos lagares. Lagares sobre los que ahora se puede caminar sobre una plataforma de hierro que permite ver más allá, ver la historia.

Lo que llaman ‘La sacristía’ será otra parada en el camino hacia los orígenes del vino y prueba de ellos es un pequeño depósito circular creado por la propia familia para explicar «el arte del jarreo», o lo que vienen a ser los remontados tradicionales que se hacían con jarros de barro para romper ese sombrero durante la fermentación alcohólica. Además, los Montaña son los elaboradores exclusivos de vino bajo la marca de puros habanos Cohiba, por lo que en esta bodega también se ha habilitado un espacio para degustar ambas joyas en un entorno privado.

La visita culminará en los ventanales que rodean la sala de catas y que a su vez hará las veces de una sala de barricas, aunque en este caso con un diseño y disposición muy singular. «Aunque sea ahora cuando el enoturismo llega oficialmente a la bodega, ya mi abuelo lo practicaba con esa costumbre de juntarse con amigos y clientes en torno al vino. La diferencia es que ahora se ha profesionalizado y queremos hacer de este espacio un punto de venta de vino directo también», apunta.
Una bodega ‘boutique’
En las plantas inferiores de Pagos de Haro se esconde una pequeña bodega que la familia de Marqués de Tomares quiere poner en funcionamiento cuanto antes para dar rienda suelta a esos caprichos y microvinificaciones. Para ello, ya cuentan con depósitos de hormigón y de PVC, ánforas de barro, perlas de madera y damajuanas. Todo irá en producciones muy limitadas, aunque María deja para el suspense el tipo de vinos que se elaborarán a cobijo de estas instalaciones. «Eso ya es cosa de mi padre y el enólogo», ríe.

Lo que sí puede avanzar es que las previsiones son de comenzar esta misma vendimia con esas primeras elaboraciones que procederán de las uvas que cultivan, repartidas por Sotés, Hornos de Moncalvillo, Cenicero, Fuenmayor y, en menor medida, Oyón. Tiene claro que esta nueva bodega reflejará la filosofía que representa a Marqués de Tomares: «Cada vino, una historia. Cada historia, una familia. La unión entre las personas, el vino y el tiempo».


