Algunos más ocultos que otros, los radares son esos aparatos que hacen las fotos de tal modo que ninguno de los sujetos representados se siente a gusto con el resultado. Los hay móviles, estáticos, camuflados y evidentes, pero todos ellos tienen algo en común: ningún coche quiere ser sorprendido por uno de ellos.
A lo largo del pasado año los radares de la Dirección General de Tráfico formularon casi 3,5 millones de denuncias por exceso de velocidad, según un estudio de la asociación Automovilistas Europeos Asociados, sobre la base de los datos aportados por el departamento encabezado por Pere Navarro. La ligereza en el acelerador va en aumento, pues el número de multas de los radares creció un 4 por ciento respecto al año anterior.
Y aunque Andalucía sigue liderando el ranking de las comunidades con los radares más activos -lógico, al contar con más superficie de carreteras-, del último informe de la AEA llama la atención una circunstancia: en ninguna comunidad han crecido tanto las denuncias de un año para otro como en La Rioja, donde se han duplicado las multas.
Acudiendo al frío dato, los radares riojanos sorprendieron el pasado año a 61.985 conductores vehículos circulando por encima de la velocidad permitida, frente a los 30.581 denunciados en 2023, lo que supone un incremento interanual del 102,6 por ciento.
Testigo de ese aumento exponencial de los conductores con prisas es el radar instalado a la bajada de las Conchas de Haro, en la AP-68 (kilómetro 78), pues con sus 17.836 denuncias (a una media de 39 multas diarias) a lo largo del pasado año escala hasta la 22ª posición en el ránking de los velocímetros que más excesos de velocidad cazan en España.


