Lluvia, viento y granizo. Las 118 incidencias registradas en La Rioja durante las jornadas del pasado viernes y el sábado dan buena cuenta del escenario de tensión y riesgo que se vivió en la región, especialmente en Logroño. Un fenómeno meteorológico que, según explica la delegada de la Aemet en La Rioja y Navarra, Paloma Castro, no se espera que vuelva a ocurrir a corto plazo.
– ¿Cómo se originó el escenario meteorológico del pasado viernes?
– Lo que se formó fue una especie de dana, no una dana modélica. Hubo un descuelgue de la masa de aire frío de una vaguada y una de las ramales atacó a la península. Sucedió porque tenemos los mares que rodean la península, tanto el mediterráneo como Cantábrico, muy cálidos y eso facilitó una confluencia de masa de aire frío sobre la península con chorro subtropical sobre el norte de África y siempre que pasa esto en la parte delantera de la masa de aire frio se forman grandes sistemas convectivos de mesoescala (SCM). Eso fue lo que pasó el viernes y fue muy peligroso. Se dieron células bien formadas que iban realimentándose dentro de estas familias de tormentas que son los SCM.
– Un temporal que tuvo sus últimos coletazos durante la jornada del sábado.
– Claro, es que estos sistemas convectivos en lugar de desaparecer en media hora, como ocurre con una tormenta normal, se prolongan en el tiempo porque se retroalimentan y pueden durar 36, 48 o 72 horas. El sábado hubo una bajada notable de temperaturas, quedándose las máximas por debajo de 30 grados, pero volvió a haber células en La Rioja y volvieron a darse precipitaciones bastante considerables, destacando Cenicero con 47 litros por metro cuadrado; Nájera, con 24; Alfaro, con 21 y Agoncillo, con 16. Al final entre las dos jornadas se produjo la fusión de dos sistemas convectivos en uno.

– ¿Se esperaba este cúmulo de tormentas de tal intensidad?
– Sí, porque una vez se forma un sistema convectivo todo es de esa magnitud. Además, no es raro que en verano que se formen danas. El día 12, el sábado, ya estába el núcleo formado. Atacó a La Rioja, pero sobre todo a Navarra y Aragón y luego fue hacia Cataluña y Valencia. Es como un clásico. De hecho, la Confederación del Ebro ya avisó de que podía haber también barrancos con avenidas relámpago. Lo que hay que hacer es una vigilancia muy intensiva en las horas del sistema convectivo cuando está más activo.
– ¿Cómo define los altibajos meteorológicos de esta pasada primavera y de lo que va de verano?
– La ola de calor que hubo entre finales de junio y principios de julio fue, yo creo, la que dio la temperatura adecuada, no solo a la tierra que se calienta mucho, sino sobre todo al Mediterráneo. Y eso ha provocado que se adelanta esa hola de calor a junio. Ha ido todo como un tren de alta velocidad, superencadenado, con la novedad de que ahora se calienta el mar antes debido al cambio climático y no hay que esperar al final del verano para tener estos episodios.
– En los próximos días vamos a pasar de máximas rondando los 30 grados a rozar los 40 y, de cara al final de la semana, vuelta a los cielos nublados y máximas por debajo de los 30 grados. ¿Hay previsión de vivir nuevos sistemas convectivos de mesoescala en el territorio riojano en lo que queda del mes de julio?
– Una segunda dana en julio es bastante improbable, pero no es descartable. Al final la predicción en estos casos es muy complicada. Lo que tendría que volver a suceder es que se debilitara mucho el anticiclón y yo creo que no va a ocurrir. Parece improbable que haya tantas oscilaciones y tan rápidas.

– ¿Tenemos que acostumbrarnos a este tipo de fenómenos como algo ya recurrente?
– Al final durante el verano, sobre todo los meses de julio y agosto, son los meses modélicos de olas de calor en los que puede haber dos o tres episodios de este tipo, así que sí, hay que acostumbrarse a que las olas de calor produzcan estos efectos intensos. Además, desde el 2020 en adelante todas las anomalías han sido cálidas, por lo que es difícil volver a vivir anomalías frías en verano como en los años 80 y 90. Y, especialmente en La Rioja, con el sistema Ibérico, en habitual que se sumen los efectos locales muy importantes. Entre nuestros valles y tormentas tenemos todas las papeletas para llevarnos todas las tormentas. Aunque en este caso las tormentas han venido acentuadas por el calentamiento del mar.


