Gastronomía

Sabor japonés con alma riojana: llega el sushi a Calahorra

La calagurritana Irene Madorrán ha dado un paso valiente en su carrera gastronómica: tras brillar como jefa de cocina en el prestigioso Gastrobar Bombardino, ubicado en el corazón de los Pirineos, en el valle de Benasque, ha decidido regresar a su tierra natal para abrir su propio restaurante. Un sueño hecho realidad que combina lo mejor de su formación, su experiencia y sus raíces personales y culturales.

Irene es un claro ejemplo de talento local que se ha formado con excelencia para luego regresar a casa con una propuesta fresca y original. Tras estudiar en la Escuela de Hostelería de Guayente, referente culinario en el Pirineo aragonés, y vivir en Benasque durante varios años, Irene ha decidido dar un giro a su vida: «Ya era hora de sentar cabeza y empezar a coger proyectos que tienes parados. Para un cocinero, ese proyecto siempre es tener su propio restaurante».

El Gastrobar Bombardino había nacido en 2020 siguiendo el estilo de los ‘public houses’ británicos: un lugar de encuentro para vecinos y visitantes, con buena comida, música y cócteles. Irene era pieza clave en su cocina, liderando una propuesta creativa y vibrante que ha fusionado tradición y modernidad.

Sin embargo, el corazón a la tierra ha tirado con fuerza. «Empiezas a echar de menos a los de casa», confiesa. «Hacerlo en casa siempre te da más tranquilidad, aunque puedes pinchar o triunfar en cualquier lugar del mundo. La red familiar es un soporte importante».

Así ha nacido Sobo, su nuevo restaurante en Calahorra. Ubicado en la calle Ramón Subirán, el proyecto es un homenaje a su abuela –Sobo significa abuela en japonés– y a su pasión por la cocina nipona. «Ya que no puede estar conmigo, quería que tuviese un lugar en este proyecto», dice con emoción.

Sobo no es solo un restaurante: es una experiencia gastronómica que fusiona lo mejor de Japón con la esencia riojana. «La cocina japonesa me divierte”, explica Irene. «Mezclar el trabajo con un hobbie hace que el día a día sea más fácil».

El local nace como un concepto de comida para llevar, pero ya cuenta con unas mesas para quienes quieran quedarse a comer. El ambiente busca ser acogedor, ideal para compartir momentos entre amigos, escuchar música o disfrutar de un cóctel de autor.

Una carta sorprendente y deliciosa

La carta de Sobo es una invitación al juego y la exploración. Irene ha diseñado platos que combinan ingredientes típicos japoneses con sabores y productos de La Rioja, logrando una fusión audaz, sabrosa y muy personal.

Entre las propuestas destacan las gyozas de chistorra y queso Idiazábal con miel, una reinvención vasco-japonesa irresistible o los nigiri de kokotxa con mayonesa de ajo negro, donde la cocina tradicional vasca se une al minimalismo japonés. Tampoco faltarán los California rolls de foie con compota de manzana y mayonesa trufada, una delicia para paladares sofisticados o los poke bowl de pollo crujiente con mango, wakame y salsa miel-mostaza, ideal para quienes buscan frescura y textura.

No falta el clásico tartar de salmón con mango y guacamole, ni joyas como el brioche de panceta a baja temperatura con salsa hoisin o el pan bao relleno de reina pipiada. Irene también ha apostado por reinterpretar el sushi con ingredientes locales: bacalao, pimientos del piquillo, torreznos y hasta ajoblanco se cuelan en los rolls, sorprendiendo al comensal en cada bocado.

El broche dulce lo ponen las tartas, pensadas para compartir: una cremosa de queso de cabra y otra de chocolate blanco con té matcha, dos propuestas que continúan la línea del contraste equilibrado.

Además, el equipo de Sobo ha desarrollado una carta de cócteles pensados para acompañar la experiencia gastronómica, sin perder el espíritu social y festivo del antiguo Bombardino.

La joven calagurritana abre este lunes su nuevo concepto de restaurante «con muchas ganas y también con nervios». Así afronta esta nueva etapa con ilusión y con la sensibilidad de quien escucha a sus clientes. «Queremos que sea un lugar donde la gente quiera repetir, que vengan no solo de Calahorra, sino de toda la zona».

Abierto a nuevas sugerencias, con la carta en constante evolución y un fuerte compromiso con la calidad, Sobo se presenta como una propuesta valiente, original y con mucha alma.

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