Simón González Negrete (1990) es un riojano que está sabiendo trazar con la precisión de «un sastre», como él mismo se define, su propia historia profesional. Paso a paso, recorre una senda que le ha llevado a convertirse en CEO y cofundador de una empresa que a día de hoy emplea, en Madrid, a treinta personas, factura millones y forma parte de un grupo empresarial de referencia en el sector digital.
Nacido en Logroño en 1990 y formado en la Escuela Superior de Diseño de La Rioja (ESDIR), Simón encontró la inspiración en una charla del diseñador Alex Trochut durante unas jornadas de diseño gráfico celebradas en la capital riojana. Todo profesional encuentra un punto de inflexión, y para él fue en ese momento cuando se decantó por estudiar diseño gráfico en lugar de arquitectura. Años más tarde, una recomendación durante sus prácticas en la agencia Sidecar le animó a ir a Madrid, donde cursó un máster en diseño de interacción. Pero no se quedó ahí: para comprender mejor el lenguaje del desarrollo y ser capaz de liderar proyectos tecnológicos, se formó en programación en un ‘bootcamp’ intensivo. Fue allí donde conoció a Diego Méndez, su actual socio en Tailor Hub.
Desde su oficina en Madrid, aunque con colaboradores en diferentes puntos de España, este riojano lidera una empresa que define como una «boutique tecnológica». Su visión es la de un «sastre digital», que escucha, mide, ajusta y vuelve a probar, para desarrollar software a medida, siempre al lado del cliente.
– Llama la atención eso de «boutique». ¿Cómo aplicas este concepto fuera de la moda?
– Sí, lo usamos bastante. Al final, dentro de la industria el modelo de servicios es el de consultoría. Pero el modelo consultoría, cuando empezamos con Tailor, estaba unido a dos cosas: grandes compañías que trabajan para mucha gente pero que tienden a cuidar poco los detalles de los proyectos. Y cuando empiezas no puedes competir con ellas porque tienen muchísimas más personas que tú y muchísimo más nombre.

Entonces ideamos ese concepto de boutique: somos personas 100% capacitadas para desarrollar los proyectos, y no solo eso, sino que somos personas que se dedican 100% a trabajar contigo de la mano y a estar 100% destinadas a ese cliente.
– ¿Algún ejemplo?
– Justo ahora estamos analizando si podemos trabajar con Abanca, que están reclamando lo que nosotros ofrecemos. Tenemos dos empresas, una es Mediapro, con la que desarrollamos bastantes aplicaciones OTT. Tenían un proyecto que habían intentado sacar, pero que estaban a punto de dejar a un lado. Y nos dijeron: «Mira chicos, si sois capaces de desarrollar esta aplicación en este tiempo limitado, nos haríais un favor». Empezamos a trabajar con ellos y conseguimos lanzar esa aplicación en ese tiempo con una metodología muy concreta: marcamos plazos de entrega cortos que aportan valor al proyecto lo más rápido posible. Así, el cliente ve que se está trabajando y que se está aportando valor.
Esto nos ha permitido ahora mismo llevar cinco cuentas diferentes dentro de Mediapro y que seamos el partner referencia en modelo de trabajo. Tenían más de cien partners y ahora somos nosotros los que les estamos dando formación para que trabajen como nosotros.
– Ese es un caso de éxito. ¿Y el segundo?
– Dormakaba, que es una empresa de esas que nadie conoce, pero que realmente está en la vida de todo el mundo. Las aperturas de los aeropuertos a través de QR se hacen con esta empresa. Es la que ha permitido que cuando ponemos el pasaporte y te lea la cara, o cuando entras a un hotel puedas abrir la puerta con la tarjeta. Es una empresa suiza y entramos para ayudarles a desarrollar la web corporativa. Están en treinta países diferentes, con cuarenta idiomas en total. Empezamos ahí y llevamos 3 años trabajando con ellos en diferentes áreas: márketing, innovación, inteligencia artificial…
– ¿Cómo sacan partido de la Inteligencia Artificial?
– Para nosotros está en nuestro día a día. Empezamos a trabajar con ella como servicio en 2023. El tema con la Inteligencia Artificial es que muchas empresas quieren usarla, pero no saben cómo. Nosotros trabajamos con clientes durante dos años de media, así que conocemos sus procesos y podemos aplicar la IA sin que sea algo disruptivo.
Por ejemplo, en Dormakaba tenían documentación técnica en inglés, alemán… pero no en ucraniano. Y están en Ucrania. Pues con IA puedes preguntarle: «Estoy instalando esta máquina, me da este error, ¿cómo lo soluciono?», y la IA busca en los PDFs y te da la respuesta directamente en ucraniano. Es eficiencia.
– ¿Cómo fueron los inicios de esta empresa allá por el 2019-2020, con la pandemia llegando a nuestras vidas?
– Veníamos trabajando con startups y empresas pequeñas, y de repente todo el mundo tiene que quedarse en casa. Me acuerdo de estar en la silla amarilla de IKEA con orejeras, hablando con mi socio. Mi madre es enfermera y me dijo: «Esto dura poco». Pero no fue así. Fue un momento tremendo, pero al final, la gente se dio cuenta de que tenía que digitalizar todos sus procesos.
Eso hizo que subiéramos de nivel. Ya no trabajábamos con empresas en fase inicial, sino con empresas grandes. Eso nos llevó a una sobrecarga brutal, que puso en peligro nuestra viabilidad. Facturábamos más que nunca, pero el dinero que entraba no era el mismo que salía. Nos llevó a un momento de «muerte por éxito».

– Y ahora, ¿en qué punto están?
– Entramos en el grupo Modulor Studios en 2024. Es un conglomerado con empresas de diseño de producto, márketing, formación… pero les faltaba desarrollo e Inteligencia Artificial. Pasamos de 600.000 a casi 2 millones de euros el año pasado. Y de catorce a treinta personas.
– Y ante este crecimiento tan significativo, ¿cómo lleva eso de dejar de ser ese ‘sastre’ que hace todo para los clientes a tener que delegar el trabajo a otros ‘sastres’?
– Es difícil. Aprender a delegar no te lo enseña nadie. Pero hemos sabido transmitir bien el proyecto y la gente lo ha hecho suyo. Hacemos reuniones para mejorar procesos. Por ejemplo, si un cliente te pide ir presencial y tú estás en remoto, hay que gestionar eso con tiempo.
– ¿Tiene pensado abrir sede en Logroño con profesionales que vivan aquí?
– Estamos en Madrid, pero tenemos gente en Valencia, Zaragoza, A Coruña, Cataluña… No hay nadie de La Rioja. Pero me encantaría volver. Aquí se vive bien, y el sueldo en tecnología permite eso. Pero el mercado tiene que estar preparado. La IA tiene costes y plazos, y antes, como freelance, notaba que eso aquí costaba.
– ¿Qué viene ahora?
– Queremos seguir creciendo, sobre todo en inteligencia artificial. En septiembre hacemos un retreat con todo el equipo para planificar el próximo año. En tecnología, retener talento es difícil. En Tailor tenemos una rotación muy baja porque la gente tiene retos y aprende. Eso queremos mantener.


