Los recuerdos tienen un poder casi mágico. Fragmentos del pasado que nos acompañan y, muchas veces, nos consuelan. Además de fotografías, ¿quién no conserva entradas de conciertos, billetes de tren o recetas escritas a mano? Sin embargo, en la actualidad, casi todos los momentos especiales se guardan en nubes digitales, por eso hay quien ha apostado por dedicar un espacio especial a todos estos recuerdos rescatándolos del fondo del cajón y transformándolos en algo bonito y duradero.
En ciudades como Madrid o Barcelona lleva años consolidado. En La Rioja, el scrapbooking todavía es un gran desconocido, y así lo reconocen Eva Moreno y Marta Marfa. Dos mujeres que han convertido una afición en una manera de expresión en la que personalizan álbumes con fotografías y detalles significativos, utilizando todo tipo de materiales: cintas, telas, papeles decorativos, botones, sellos o incluso pequeños bordados.

Marta comenzó en 2009, durante su estancia en Madrid, a practicar esta técnica. «Siempre me han gustado las manualidades, y al enterarme de que existía el scrapbooking, decidí apuntarme a unas clases. Fue ahí cuando empecé a mezclar mis dos pasiones: el papel y la fotografía», recuerda. Desde entonces, Marta no ha dejado de recortar, pegar y encuadernar. De hecho, a día de hoy, imparte talleres semanales de scrapbooking en La Pecera, un espacio creativo de Calahorra.

En su definición más simple, el scrapbooking es una forma creativa de conservar recuerdos a través de la fotografía y el diseño. Sin embargo, según Marta, es mucho más que una forma de guardar fotos: «Es una forma de atesorar tus recuerdos de manera artística. Nos obliga a imprimir las fotos, algo que con los móviles solemos dejar de lado. Además, el proceso de crear algo con tus manos es muy gratificante».
Porque sí, el scrapbooking atrapa. Y no solo por el resultado final, sino por todo lo que implica el proceso. «Yo lo comparo con el yoga. Te relaja, te hace olvidarte del móvil, te obliga a concentrarte y a disfrutar del momento. Es muy terapéutico».

Como cualquier otra disciplina creativa, el scrap está en constante evolución. Aunque las bases siempre son las mismas, las tendencias cambian con el tiempo, pero no deja de ser un trabajo muy personal. Marta describe su estilo como «limpio y sencillo, con un enfoque armonioso y equilibrado». Sin embargo, asegura que no hay límites: «Hay infinidad de estilos: vintage, minimalista, moderno… y muchas técnicas. Los álbumes son lo más común, pero también se pueden hacer tarjetas, layouts (composiciones fotográficas decoradas) e incluso trabajos de encuadernación. Puedes pintar, estampar, coser, encuadernar… Nunca te aburres».
«No hay dos iguales»
Eva, otra apasionada del scrapbooking, también forma parte de la pequeña comunidad que ha ido surgiendo en La Rioja. «Cuando empecé hace unos años, apenas conocía a nadie que lo practicara. Ahora, gracias a los talleres que se organizan, he visto cómo se ha ido formando un pequeño círculo de mujeres que disfrutamos juntas de este hobby». Es más, Eva no solo acude a los cursos que se realizan en La Rioja, sino que «acudo a Madrid, Valencia, Bilbao… para aprender nuevas técnicas y conocer gente que comparta esta pasión».

El primero trabajo de Eva fue hace años para la comunión de su hija. «Quería hacerle un álbum especial, algo más bonito y personal que uno comprado, y me topé con este mundo», recuerda.
Desde entonces, el scrap se ha convertido en su válvula de escape. «Me aporta bienestar, tranquilidad. Es como mi momento de paz». Porque esta técnica puede enganchar incluso a quienes nunca se han considerado creativos: «No hace falta ser una artista. Solo tener ganas de crear algo con tus manos y dedicarte un rato para ti».

Eva define el scrap como una manualidad. «Es una técnica que utiliza sobre todo papel decorado y cartón, y con eso puedes hacer un montón de cosas: libretas, cajitas, detalles para comuniones… Aunque lo más habitual son los álbumes de fotos. Se decoran con papeles bonitos, recortes y fotos, todo muy personalizado», explica.
Porque ningún trabajo es como el anterior. «No hago dos iguales. Si me encargan uno para una comunión, por ejemplo, pregunto qué le gusta al niño o a la niña: si le gusta el fútbol, la pintuta, los animales… y lo diseño en base a eso. También he hecho álbumes de boda pensando en las personas que los recibirían. A veces me preguntan si tengo alguno ya hecho, pero no, porque me gusta trabajar por encargo y adaptarlo a cada caso».
Para Eva, uno de los valores del scrapbooking es precisamente eso: que todo está hecho a mano, con mimo. «En estos tiempos en los que todo lo hacen las máquinas, esto tiene mérito porque no hay dos iguales. Aunque quieras repetir uno, no puedes. Todo lo troquelo a mano, encuaderno a mano, no tengo máquinas automáticas».

Pero el scrap no es solo un pasatiempo bonito. También tiene una función emocional poderosa: reconectarnos con nuestros recuerdos. Ambas coinciden en que «nuestros abuelos tenían álbumes familiares que pasaban de generación en generación. ¿Qué vamos a dejar nosotros, enlaces a la nube?».
El scrapbooking invita a recuperar esa costumbre, pero de forma creativa. Con papeles estampados, pegatinas, tintas, sellos, telas y hasta costura, se crean piezas únicas que mezclan lo visual con lo emocional.
Un corta pega con resultados únicos
En una pequeña tienda de Arnedo, Susana Santa Eulalia mantiene vivo un oficio que mezcla creatividad, paciencia y pasión por lo hecho a mano. Su espacio no es solo un comercio de materiales, es un taller, un lugar de encuentro y un refugio para quienes aún creen en la magia de lo artesanal.
Entre sus primeros contactos con el scrapbooking recuerda con cariño a una chica inglesa que le mostró sus álbumes: «En Inglaterra ya se usaba mucho. Me enseñó cómo guardaban recuerdos en papel, entradas, tickets… Me pareció una forma preciosa de conservar momentos y me enganché».
Desde entonces, Susana ha ido incorporando nuevas técnicas y evolucionando su propuesta creativa: “El scrap engancha porque te relaja, y de ahí sale algo único, especial, un recuerdo físico de algo importante en tu vida: un viaje, unas vacaciones, el año que hiciste el Camino de Santiago… Lo puedes personalizar con papeles y sellos, y no necesitas grandes habilidades. Solo tiempo».

Aunque el scrap es una parte importante de su trabajo, Susana también ha dado un paso más hacia la encuadernación artesanal, especialmente a raíz de la pandemia. «Me metí a fondo y aprendí bien, desde cero. Ahora doy clases y la gente alucina. Es un oficio. Hemos creado incluso una colección propia de telas para encuadernar que solo tenemos nosotros. Esa tela decorada da un plus de categoría que a veces el scrap no tiene».
Desde su tienda, que lleva su propio nombre, ofrece también talleres creativos, una parte esencial de su actividad: «Los talleres son lo que más funciona. La gente viene, aprende, socializa y se lleva algo hecho por ella misma».
A pesar del auge del mundo digital, Susana defiende el valor de lo físico, de lo tangible: «Lo artesanal te da una satisfacción personal enorme. Eso de llevarte algo hecho por ti, que has tocado, montado, decorado… No lo da nada digital. Y más si has compartido ese proceso con otras personas. Yo veo que la gente no lo deja. Lo necesita».


