Más de cinco siglos después, Logroño vuelve a estar bajo asedio. Pero, no preocuparse. Solo se trata de las recreaciones históricas que reproducen los hechos que tuvieron lugar en la ciudad en 1521. En la primera de ellas que ha tenido lugar la mañana de este domingo, con un parque del Ebro lleno hasta la bandera, los figurantes han representado la llegada de las tropas francesas y el inicio del cerco a la ciudad.
Las gentes de Logroño vivían ajenas al horror que se avecinaba. La vida en 1521 era tranquila en la ciudad castellana: los niños jugaban, mujeres y hombres labraban el campo y se encargaban de las tareas del hogar. Pequeños y mayores bailaban en corro, siempre con la bota de vino cerca.

Hasta que comenzaron a sonar tambores de guerra. El rey francés Francisco I invadió la Península Ibérica buscando perjudicar a la corona castellana, muy debilitada por la revuelta de los comuneros. Ocho mil militares franceses, liderados por André de Foix, más conocido como el general Asparrot, llegaron a las inmediaciones de Logroño.

Los logroñeses se mantuvieron firmes y siempre del lado del rey de la Corona de Castilla, Carlos I: el enfrentamiento era inminente. Pero el pueblo no huyó: defendieron la ciudad con fe y coraje. ¡Que sea Dios quien decida la suerte de la batalla! Y parece ser que ese día Dios había nacido en la calle Barriocepo, porque Logroño resistió.
Las tropas francesas se repliegan y establecen el cerco de la ciudad. Comienza el asedio. ¡Logroño no se rinde!


