Cada primavera, la campaña de la declaración de la renta no solo activa los números del fisco, sino que también saca a la luz un retrato económico que dice mucho de cómo vive, trabaja y sobrevive la población. En el caso de La Rioja, los últimos datos revelan un panorama donde la mayoría de los contribuyentes se agrupan en los tramos medios de ingresos, mientras que una minoría concentra las retribuciones más altas.
Los datos hablan por sí solos: en La Rioja, más de 76.000 personas —casi la mitad de los declarantes— ingresan entre 12.000 y 30.000 euros anuales. Este rango abarca lo que podríamos considerar clases medias, aunque con importantes diferencias dentro del propio tramo. Por debajo de ese umbral, sin embargo, encontramos a un número significativo de ciudadanos que sobreviven con muy poco.
Los tramos bajos: entre la precariedad y la subsistencia
Más de 60.000 riojanos se encuentran en lo que podríamos definir como tramos bajos de retribución. De ellos, 7.785 personas declararon ingresos nulos o negativos, y otras 10.640 no llegaron a los 1.500 euros anuales. Son cifras preocupantes que podrían incluir a personas en situación de desempleo, pensionistas con rentas mínimas o trabajadores en economía sumergida.
Pero la precariedad no se detiene ahí. Un grupo aún más numeroso, 23.491 personas, percibieron entre 1.500 y 6.000 euros al año. Y otras 18.177 se situaron entre 6.000 y 12.000 euros. En conjunto, representan un bloque importante de la población riojana, que vive al borde de la vulnerabilidad económica.
Los tramos medios reúnen a más contribuyentes que ningún otro grupo. 41.329 personas declaran entre 12.000 y 21.000 euros, y otras 34.724 entre 21.000 y 30.000 euros. Son cifras que indican cierta estabilidad económica, pero con muchas diferencias en cuanto a poder adquisitivo, especialmente si se tienen en cuenta aspectos como el coste de la vivienda, la inflación o las cargas familiares.
Aquí es donde se traza una línea importante. Mientras que 30.000 euros anuales pueden suponer un salario digno, 60.000 euros sitúan a una persona en una posición económica mucho más cómoda. En La Rioja, 35.724 personas declararon ingresos anuales entre 30.000 y 60.000 euros, una cifra que se asemeja a la del grupo anterior pero que revela una mejora significativa en términos de calidad de vida.
Quienes se encuentran en este tramo suelen tener empleos más cualificados o cargos intermedios, y en muchos casos disfrutan de cierta capacidad de ahorro, acceso a vivienda en propiedad o planes de pensiones privados. Es decir, están un peldaño por encima del grueso de la clase media, aunque aún lejos de los niveles más altos.
Los tramos altos: la cima de la pirámide
Por encima de los 60.000 euros anuales se encuentra solo una minoría. 6.360 riojanos declararon ingresos entre 60.000 y 150.000 euros, mientras que apenas 796 superaron los 150.000 y únicamente 88 personas ingresaron más de 600.000 euros al año.
Estos últimos representan la cúspide económica de la comunidad. Son altos directivos o profesionales muy cualificados cuyos ingresos les permiten disfrutar de una vida sin apreturas, con capacidad de inversión, consumo elevado y acceso a servicios de lujo.


