Semana Santa

Cuando todo se detiene: Calahorra ante el Santo Entierro

Con la llegada del Viernes Santo, Calahorra se sumerge en el recogimiento y la devoción más profunda para celebrar el acto central de su Semana Santa, la Magna Procesión del Santo Entierro, que al caer la tarde recorre las calles del Casco Antiguo en un desfile de fe, arte y tradición que brota desde lo más hondo del alma calagurritana.

Desde el templo de San Francisco, casa única de la cofradía penitencial de la ciudad, salen los dieciséis pasos que conforman este magno cortejo, acompañados por más de dos mil personas entre cofrades, penitentes, portadores y músicos que, con paso firme y mirada al cielo, rememoran los últimos momentos de la Pasión.

Una a una van saliendo las imágenes entre toques de tambor y aroma a incienso, encabezadas por la Banda de Tambores y Cornetas, el Libro de Actas de la Cofradía y las mazas y cruces en metales nobles que abren el camino al misterio y al recogimiento.

Desfilan con orden y solemnidad los pasos de la Entrada de Jesús en Jerusalén, escoltado por la Policía Local con su traje de gala, seguido por la Última Cena, la Oración del Huerto, la Flagelación, el Ecce Homo de Gregorio Fernández, la Sentencia, el Cristo de Medinaceli obra de Juan Fernández de Vallejo, el Encuentro, el Cirineo, la Caída, el Cristo de la Agonía de Juan Bazcardo, el Cristo de la Vera Cruz del maestro Guiot de Beaugrant, el Descendimiento, la Piedad, el Santo Sepulcro escoltado por la Guardia Civil y cerrando el cortejo, la Virgen Dolorosa, que avanza en silencio bajo la atenta mirada de calagurritanos y visitantes.

Las calles del centro histórico se convierten así en vía sacra al paso de las imágenes, muchas de ellas tallas de los siglos XVI y XVII de valor incalculable, que junto con los pasos más recientes del siglo XIX y XX conforman un verdadero catecismo visual de la Pasión del Señor, una catequesis viva que se hace camino entre la luz de los faroles y el eco de las saetas que brotan desde los balcones.

La procesión sigue su recorrido tradicional por las calles Deán Palacios, San Andrés, Pedro Gutiérrez, Enramada, Cuatro Esquinas, Raón, del Sol, Grande, Plaza del Raso, Mayor, plaza del doctor García Antoñanzas, y la emblemática Cuesta de la Catedral.

Es allí, en la recta final, donde se vive uno de los momentos más intensos y sobrecogedores, cuando los penitentes y trabadores suben los cuarenta y dos peldaños de la escalinata del Rasillo de San Francisco, esfuerzo último que se convierte en ofrenda y oración en movimiento, mientras el público rompe el silencio con sentidos aplausos en un gesto de respeto y admiración.

Un acto que trasciende lo litúrgico para convertirse en una manifestación popular de fe y pertenencia, uniendo lo espiritual con lo cultural, lo artístico con lo humano. La ciudad ya espera en silencio, las túnicas están listas y el corazón late al ritmo de la fe compartida, porque Calahorra está a punto de vivir, una vez más, el misterio de la Pasión a través de su Magna Procesión del Santo Entierro.

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top