Cuando cae la tarde del Jueves Santo, Calahorra deja de ser solo una ciudad para convertirse en un escenario sagrado donde el tiempo se detiene y la emoción cobra vida. Hace más de cuatro décadas, en 1982, un grupo de personas dio vida a una breve representación de la Crucifixión en la Plaza del Raso. Apenas quince minutos de dramatización que marcaron el nacimiento de lo que hoy es uno de los espectáculos más sobrecogedores de la Semana Santa riojana: la Escenificación de la Pasión de Cristo, obra viva del Grupo Paso Viviente.
Desde entonces, año tras año, esta representación ha crecido en alma, en forma y en sentimiento. Cada Jueves Santo recorre un kilómetro de la Avenida Valvanera que se transforma en Jerusalén; escenarios al aire libre que, durante más de dos horas, envuelven al público en un viaje lleno de luz, sonido y emoción, guiado por los textos del Nuevo Testamento adaptados con devoción por los propios integrantes del grupo.

Foto: Paso Viviente
Todo comienza con júbilo: la Entrada de Jesús en Jerusalén, con ramas de olivo y vítores de esperanza. Le sigue la ternura y el misterio de la Última Cena, el dolor de la Oración en el Huerto, la traición de Judas sellada con un beso, y la crudeza de los juicios ante Caifás y Pilatos, donde la humanidad se ve reflejada en las negaciones de Pedro y la elección de Barrabás.
Los visitantes pueden acompañar de cerca a Jesús en su camino hacia el Calvario. Las tres caídas, el Cirineo, la Verónica… cada escena, un espejo del sufrimiento y la entrega. En un rincón apartado, el alma rota de Judas encuentra su final, mientras el pueblo avanza en silencio hacia la Crucifixión.
Y allí, bajo la luz temblorosa de las antorchas, se alzan tres cruces. El dramatismo del descendimiento, el momento del sepulcro y la voz de una madre que llora a su hijo. Pero no todo acaba en la cruz. Porque al final, entre luces que anuncian la esperanza, llega la Resurrección. Un estallido de vida que rompe el silencio cada año en multitud de aplausos.


