La Rioja

Un error como una catedral: «¿Y las torres?»

Un error como una catedral

No hay dos sin tres, dice el refrán, y en Logroño parece cumplirse con precisión matemática. Tras las erratas en las frases del Himno a Logroño que adornan la renovada calle Sagasta, el Ayuntamiento se ha apuntado otro tanto en el suelo del cruce con Portales con una silueta del ‘skyline’ de la ciudad en la que, ¡oh sorpresa!, faltan las torres de La Redonda. Sí, esas mismas torres que cualquier logroñés reconoce incluso con los ojos cerrados, símbolo de la ciudad casi tan inequívoco como el caballo del Espartero, la aguja de Palacio o el puente de hierro.

Quizá se trata de algún tipo de reto visual tipo «encuentra las diferencias» para entretener a turistas y viandantes locales o la clásica máxima de «menos es más». Sea cual sea el motivo, lo cierto es que los despistes en la calle Sagasta empiezan a ser ya una nueva tradición, como las tartas de Melt, robar el boj del arco de San Bernabé o las discusiones sobre el carril bici.

Primero fue el himno, ese que ahora cualquier riojano con voz jotera duda si entonar o corregir con tiza sobre el propio pavimento. Puentes que debían ser puente, encuentros que quizá debieran quedarse en singular (aunque esto, reconozcámoslo, nadie lo tiene del todo claro), y frases a las que les faltaba alguna conjunción como quien pierde botones de una camisa vieja.

Ahora, en un alarde de coherencia con el caos creativo, las torres de la Concatedral de Santa María de la Redonda se han desvanecido del perfil urbano colocado en pleno centro histórico. En el pavimento pueden apreciarse los puentes de piedra y de hierro, así como las siluetas de San Bartolomé, Palacio y Santiago, pero no así las citadas torres.

1 – Iglesia de San Bartolomé. 2 – Iglesia de Palacio. 3 – Iglesia de Santiago.

Más de uno también podría pensar que quizá fueron omitidas a propósito, por eso de la separación Iglesia-Estado, pero la realidad probablemente sea más mundana: un sencillo error de diseño, un «ups» técnico al estilo logroñés que pasará a la historia local como el día en que alguien decidió que el ‘skyline’ de la capital riojana sería mejor sin sus torres más famosas. Lo que no consiguió Kengo-Kuma con el edificio de Bosonit, lo ha logrado un diseñador desconocido en tiempo récord.

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