En la calle Tudela de Alfaro no hay tiempo que perder. A unos días del Domingo de Pascua, este rincón alfareño se ha convertido en una auténtica fábrica de ingenio, crítica social y buen humor. Allí, entre montañas de papel, cola y risas, los protagonistas de los judas —los dos Javis, Ramón, Eduardo, Jesús, Charo, Mari Carmen, Mari Luz, Mariví, Arturo, Andrés y Chelo— se afanan en dar vida (y una pronta muerte por fuego) a los famosos monigotes de esta tradición que mezcla sátira, arte y mucha paciencia.
Este año, el tema elegido ha sido “la libertad”, y presidiendo el desfile de figuras críticas y cómicas se alzará nada menos que una gigantesca Estatua de la Libertad, que aún anda con trabajo que hacer pero bajo la atenta mirada de Arturo, aparejador del grupo y guardián de unos planos que parecen más jeroglíficos que bocetos. «Está todo controlado, para el Domingo está todo listo», dice haciendo cálculos para que las diferentes partes de la estatua después salgan por la puerta del local donde la están haciendo.
“Somos catorce, pero solo seis o siete le damos caña desde septiembre”, confiesa Mari Carmen. «Las chicas hacemos mucho del trabajo que no se ve». En enero empiezan a llegar los refuerzos. La media de edad ya no engaña: “El relevo generacional está complicado. Aquí casi todos somos jubilados, y el que no, está a punto para serlo”.

Pero que no se diga que les falta energía. Este año, a la fiesta se han sumado personajes de la actualidad internacional como Trump, Elon Musk, Netanyahu o Putin, que aparece montado en un cohete con destino (y, con suerte, sin retorno) a la Luna. “También le hemos dado su sitio a la libertad de prensa y a los negacionistas —ríe Jesús— que ya dudan hasta de si llegamos a la Luna”. Arturo es el segundo año que participa en los preparativos. «Estoy haciendo una estación lunar», dice orgulloso.
Y como no podía faltar el toque local, el Ministro Puente también tendrá su judas particular. “No por los trenes, que ya sabemos que a La Rioja llegan siempre tarde, sino por cómo se suelta en redes. A ver si pica y nos viraliza un poco”, bromean con picardía. No sería la primera vez: años anteriores figuras como Risto Mejide o Isabel Díaz Ayuso compartieron en redes las creaciones de Alfaro, a veces entre carcajadas y otras con el ceño fruncido como lo hicieron un año los independentistas catalanes.

“La crítica política siempre molesta a alguien”, reconoce Eduardo, “pero lo hacemos con respeto, humor y sobre todo, mucho trabajo”. Y de eso último saben bastante. Aquí, cada judas se modela a mano, pieza a pieza, con papel, cartón y toneladas de paciencia. “Nada de poliespán como en las Fallas, esto es artesanía pura”, puntualiza con orgullo.
Mientras ultiman detalles y cruzan los dedos para que este año el tiempo acompañe (que el pasado les cayó la mundial), los artistas de la calle Tudela ya sienten el calor —literal y figurado— de una tradición que cada año arde con más fuerza. Porque en Alfaro, cuando los Judas prenden, el fuego no solo quema monigotes: también libera carcajadas y espíritu crítico.


