La psicopedagoga y experta en inteligencia emocional Mar Romera ha defendido este jueves que los maestros tengan un buen equilibrio emocional y sean optimistas, «con la cabeza en las estrellas y los pies en la tierra», para facilitar la enseñanza y los niños estén bien.
Romera ha hecho estas declaraciones a los periodistas antes de impartir la conferencia ‘Educación emocional y emocionante’, organizada por la Facultad de Letras y de la Educación de la Universidad de La Rioja (UR). En su charla, dirigida a estudiantes del grado de magisterio, ha incidido en la relevancia de estos estudios, ya que, para ella, «ser maestro es la profesión más importante del mundo, aunque la gente crea que son los médicos».
Así, ha explicado que, «cuando un médico se equivoca, muere una persona, pero cuando un maestro o maestra se equivoca, fastidia la vida a 25 y eso es muy grave», sobre todo «en la etapa más importante de la vida de una persona, que es la infancia». En este sentido, ha indicado que un maestro, en muchas ocasiones, es la única segunda oportunidad de un niño, por lo que «el magisterio debería ser la profesión magnánima y la más admirada por parte de toda la sociedad».
Hace años, la docencia era una carrera profesional elegida en la mayoría de los casos por descarte, «y esto no es nada bueno, porque la infancia merece el máximo respeto», ha recalcado. Por ello, ha propuesto que esta facultad ponga en marcha dentro de la universidad un Consejo de Infancia para escuchar a los niños sobre «cómo construirse la carrera de magisterio».
Después de más de 30 años de experiencia docente en todas las etapas del sistema educativo, ha desarrollado el modelo pedagógico ‘Educar con tres ces: Capacidades, Competencias y Corazón’. Ha explicado que se trata de un modelo educativo que dé cobertura haga de bastidor de todos esos centros que «bordan un sistema que respeta a la infancia».

Así, Romera tiene en cuenta las capacidades y los potenciales de cada persona, de los niños, la familia y el profesorado; también las competencias, que son habilidades ejecutables y el corazón, que no son cuestiones separadas, sino que es un trabajo de equipo.
«Ese trabajo de equipo se desarrolla en el colegio, la casa y la ciudad o comunidad -todas palabras que empiezan con ce- para todos hacia el mismo objetivo y con el mismo norte», ha relatado.
Su finalidad es apostar por «personas libres, críticas y creativas» -con ce- y que sepan coger las riendas de su propia vida, ha precisado, con el fin de «considerar a la persona en su todo: cabeza (pensar), cuerpo (hacer) y corazón (querer) desde ese enfoque hacia la trascendencia».


