Lo que comenzó como un proyecto de musealización y consolidación de un torreón medieval de Calahorra en la calle Portillo de la Rosa, que iba a contar con un espacio multiusos, ha terminado convirtiéndose en una obra totalmente diferente a lo inicialmente previsto. Durante los trabajos, el Ayuntamiento de Calahorra ha tenido que enfrentarse a retos inesperados, desde estructuras inestables hasta modificaciones del proyecto para garantizar la seguridad y la conservación del patrimonio.
El consistorio inició este proyecto con el objetivo de restaurar y poner en valor uno de los pocos restos de las defensas históricas de la ciudad. La intervención iba a permitir no solo recuperar el torreón, sino también crear un espacio público con una sala de usos múltiples y un mirador. Algo que finalmente ha sido imposible.
Y es que, en la fase de derribo de los edificios colindantes, se descubrió que la estructura del torreón estaba mucho más afectada de lo que se había previsto. “Se pensaba que el edificio número 15 estaba parcialmente integrado en el torreón, pero al final resultó que lo invadía en más del doble de su superficie”, explican los técnicos municipales. Esto obligó a realizar un modificado del proyecto.

Poco después, al continuar con las obras, se constató que el torreón sufría una grave inestabilidad. La demolición parcial de la cara suroeste dejó la parte superior en voladizo, lo que obligó a replantear la consolidación del conjunto.
Además, la medianera del edificio contiguo se encontraba en tal estado de deterioro que, literalmente, dejaba a la vista el interior de la vivienda. “Tuvimos que apuntalar por dentro toda la casa para garantizar su estabilidad”, relatan los responsables de la obra.
Ante estos imprevistos, el Ayuntamiento tomó la decisión de modificar nuevamente el proyecto. “Se ha optado por transformar este espacio en una plaza pública, algo que el casco antiguo necesita”, han explicado desde el consistorio. Esta intervención busca no solo la recuperación del patrimonio, sino también la revitalización de la zona, creando nuevos espacios abiertos para mejorar la calidad de vida de los vecinos.

El proyecto ha implicado la pavimentación de los solares restantes y conllevará en las próximas semanas la protección del torreón con una valla para evitar daños en su estructura.
Los estudios arqueológicos realizados durante las obras han confirmado que el torreón tiene una base de origen romano, aunque su desarrollo en altura corresponde a la época medieval. “Aquí ha metido mano mucha gente”, explican los expertos, haciendo referencia a la compleja superposición de estructuras históricas que caracteriza el casco antiguo de la ciudad.


