Salud

Inflamación cerebral: el precio de vivir sometidos al estrés digital

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares

Vivimos muy estresados, y quien diga lo contrario es un superviviente. Si comparamos la sociedad de hoy con la de hace una o dos décadas el nivel de estrés ha aumentado considerablemente y, además, ha cambiado de traje. Ahora se viste de ‘estrés digital’, ese que ha cambiado nuestra forma de vivir y trabajar dividiendo nuestra atención por la omnipresencia de dispositivos tecnológicos.

La multitarea siempre ha existido, sin embargo ahora está marcada por la digitalización. Atendemos correos electrónicos, WhatsApp y redes sociales mientras intentamos concentrarnos en una tarea principal. Este bombardeo constante reduce nuestra capacidad de mantener la atención sostenida. Es más, «si interrumpimos la actividad que estamos llevando a cabo por mirar un mensaje que llega al móvil o un correo, nuestro cerebro tarda entre tres y cinco minutos en recuperar la atención en lo que estábamos haciendo», explica Elena Gallardo, neurocientífica y docente del Máster en Neuropsicología y Educación de UNIR.

Este fenómeno afecta a todas las edades, aunque los adolescentes, al haber crecido en un mundo digital, están especialmente inmersos en esta realidad. Para ellos es aún más difícil recuperar la capacidad de atención plena y tiempos de calidad sin la mediación de una pantalla.

Todos somos conscientes de esta problemática, pero quizás no sabemos que este estrés crónico y multitarea constante están alterando nuestra salud cerebral de manera importante. «Cuando el cuerpo enfrenta estrés de manera prolongada, libera cortisol en exceso, lo que puede desencadenar procesos inflamatorios en el cerebro, afectando funciones cognitivas y emocionales».

Elena destaca que podemos advertir esta inflamación cerebral a través de varios síntomas, unos cognitivos y otros físicos. Entre los primeros, señala la pérdida de concentración, la dificultad para tomar decisiones y para planificar, imposibilidad de fijar la atención, menor retención de memoria a corto plazo y pérdida de fluidez verbal.

Si nos centramos en los síntomas físicos, esta neurocientífica indica el aumento de la frecuencia cardíaca, las malas digestiones, la sensación de vientre inflamado, la respiración superficial y alterada, y la pérdida de conciencia corporal. «Caminamos menos erguidos, nos repanchingamos en la silla…».

Elena aclara que cuando hablamos de multitarea, «estamos añadiendo mucha información a nuestro cerebro, más de la que puede albergar, retener y gestionar. Información muchas veces sin criterio que llega a estresar a nuestro cerebro». El estrés crónico inflama el cerebro de la misma manera que una infección afecta al cuerpo. El exceso de información sensorial genera una respuesta de estrés similar a una amenaza biológica, activando el sistema inmune y causando inflamación. Esto afecta regiones clave responsables de la atención, la memoria y la toma de decisiones.

Existen diversas estrategias para regular nuestro sistema nervioso y disminuir la excitabilidad cerebral. Todas recogidas en el libro de esta experta llamado ‘De la inflamación al bienestar: Neurociencia responde a todas estas cuestiones’. Entre ellas, Elena hace hincapié en integran en nuestra rutina diaria la respiración nasal y diafragmática; los estiramientos y la actividad física, ya que «la tensión mental se refleja en el cuerpo y liberar la tensión muscular ayuda a relajar la mente»; exponernos a la luz natural. «No podemos imaginarnos los beneficios de sentarnos cinco minutos al sol: regula el sistema nervioso y mejora el descanso»; y el contacto con la naturaleza, «incluso escuchar sonidos o música relajante reduce la sobreexcitación cerebral».

La importancia de frenar a tiempo

A menudo no damos importancia al estrés digital porque no se percibe como una amenaza inmediata para la salud. Sin embargo, la inflamación cerebral sostenida puede contribuir al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas y otros problemas crónicos. Es fundamental adoptar medidas preventivas y recuperar momentos de calma en nuestro día a día.

«El autocuidado no debe ser un lujo, sino una prioridad. Dedicar al menos 30 minutos diarios a la desconexión tecnológica y la atención plena puede marcar una gran diferencia en nuestra salud mental y física a largo plazo».

La docente de UNIR recalca además que esta inflamación del cerebro y sistema nervioso anticipa las famosas artritis reumáticas que «cada vez sobreviven antes y se dan en edades más tempranas». Y junto a ellas las alteraciones del sistema digestivo que pueden derivar en un colon irritable, en una enfermedad de Crohn o en muchas alteraciones «que están dando muchos dolores y que tienen una gran prevalencia». Todas ellas tienen como base la inflamación.

«Estamos creando un caldo de cultivo perfecto para que todas estas enfermedades aparezcan y den la cara antes de tiempo. Y claro, como los síntomas de la inflamación cerebral no son tan visibles como otros, lo dejamos pasar y a veces es demasiado tarde».

Para poner pies en pared, solo hace falta recordar cómo lo hacíamos antes, cómo vivíamos antes de esta dependencia digital. Recordar cómo nos sentábamos en el sofá a leer un libro tranquilamente, cómo nos tumbábamos en la cama a escuchar la música que nos gustaba, cómo disfrutábamos del aire libre sin sacar el móvil del bolsillo.

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