A veces la vida da segundas oportunidades, y Miguel Ángel Muñoz ha sabido aprovechar la suya. Tras una vida profesional entre agencias de viajes y hostelería, al llegar la prejubilación se preguntó: “¿Y ahora qué?”. Probó estudiar a distancia, pero no era lo mismo, así que decidió matricularse en el Grado en Turismo en la Universidad de La Rioja. No lo hacía por necesidad, sino por el placer de aprender. “Si mis padres me vieran…”, dice entre risas, recordando que nunca fue un gran estudiante. Sin embargo, con más madurez y motivación, ha logrado algo impensable en su juventud: su primer sobresaliente.
La universidad ha cambiado desde que estudió su primera diplomatura. Él cree que para mejor . “Los grupos son más reducidos, hay más trabajos en equipo y la teoría y la práctica están mejor diferenciadas”. Adaptarse no ha sido fácil, pero lo ha hecho con entusiasmo.
«El primer día los compañeros me confundieron con un profesor». Sin embargo, la acogida está siendo excelente, y pronto se ha integrado en los grupos de trabajo. “Estoy organizando fiestas con ellos, deben pensar que estoy majara”, cuenta con humor. Su energía y actitud positiva le han valido el cariño de sus compañeros.

Más allá de la convivencia, Miguel Ángel ha descubierto su nueva forma de estudiar. “Ahora todo lo hago con más poso, con más reflexión, entendiendo bien las cosas. Se nota que estudias por gusto y no por obligación”. En pleno segundo semestre, no podría estar más contento con su decisión. “Será porque tengo esa sensación de ser un eterno joven”, dice con una sonrisa. Y quizás ahí esté el secreto: en la capacidad de seguir aprendiendo, de vivir nuevas experiencias y de entender que nunca es tarde para hacer lo que realmente nos llena.
La experiencia de Fuensanta es muy similar. A los 62 años, cuando muchos piensan en la jubilación, ella decidió volver a estudiar. Tras toda una vida trabajando en un comercio de Calahorra, un giro inesperado la dejó en el paro. En lugar de resignarse, encontró en la universidad una nueva oportunidad y se matriculó en el Grado en Geografía e Historia.
«Siempre me había gustado la historia, así que quise hacer algo entretenido, algo que me llenase», cuenta Fuensanta. No fue un camino fácil: tuvo que hacer el acceso para mayores de 25 años y solicitar una beca, pero su ilusión por aprender la impulsó a superar las dificultades.

El primer día en la universidad, «hasta los bedeles pensaban que era una profesora». La mayor sorpresa llegó al entrar en clase: “El profesor podía ser mi nieto, fue algo impactante”. Sin embargo, se ha sentido totalmente integrada y ha encontrado un ambiente cálido y acogedor. «No voy a las fiestas, pero quedamos para comer, para tomar una caña o para estudiar juntos».
El regreso a las aulas ha traído nuevos desafíos. “Las cosas han cambiado mucho, sobre todo en el tema de la tecnología. Me he tenido que comprar un ordenador y aprender a manejar aplicaciones como Canva, Excel e incluso inteligencia artificial”. Gracias al apoyo de compañeros, profesores y también de su pareja que le echa de vez en cuando una mano, ha conseguido adaptarse.
Lo que más le sorprende es cómo ha cambiado su forma de aprender. «Ahora disfruto mucho más que cuando era joven. Odiaba la Lengua, pero después de una asignatura con Miguel Lasheras la disfruto mucho, veo las cosas de diferente manera». Aunque la memoria ya no es la misma, su entusiasmo compensa cualquier dificultad. «Todo el mundo te echa una mano: profesores, compañeros… Me cogen apuntes cuando no puedo ir y me explican lo que se ha dado en clase». Además, cada logro es un motivo de celebración. «En el segundo trabajo saqué un 9. Me tenías que ver los saltos que daba en casa»,. Para Fuensanta, cada clase es una conquista y cada examen, una prueba superada.
Los estudiantes mayores de 45 años han aumentado progresivamente en la Universidad de La Rioja. En particular, el grupo de 45-54 años ha crecido un 69,47 por ciento en los últimos cinco años. En los grupos de 55-64 años y mayores de 65, aunque el incremento ha sido menor, la tendencia sigue al alza. Este fenómeno se relaciona con iniciativas que promueven la educación a lo largo de la vida y el interés de las personas mayores por actualizarse o explorar nuevas áreas de conocimiento.
También en Formación Profesional
Volver a estudiar después de años en el mundo laboral no es una decisión fácil. Exige sacrificio, organización y, sobre todo, ganas de seguir creciendo. Sin embargo, cada vez más personas adultas están dando el paso de regresar a las aulas para complementar su formación, mejorar sus oportunidades laborales o incluso reinventarse profesionalmente.
Sergio y Carla son ejemplos de esta tendencia. Sergio, de 30 años, cursa el Grado Superior de Proyectos de Obra Civil en el IES Batalla de Clavijo. Su relación con la formación profesional comenzó hace una década con Proyectos de Edificación, seguido de Diseño de Interiores en la ESDIR. Tras cuatro años de experiencia laboral, decidió especializarse en obra civil. Aunque al principio le costó compaginar estudios y trabajo, logró adaptarse. “Los primeros meses fueron duros. Me levantaba a las siete, trabajaba, iba a clase y llegaba a casa a las diez de la noche”, explica. También temía la diferencia de edad con sus compañeros, pero se está integrando sin problemas.

Carla, por su parte, estudió un Grado Superior en Informática y, tras trabajar varios años en el sector, ingresó en la Armada. Seis años después, su interés por la ciberseguridad la llevó a retomar los estudios con un curso de especialización. “Cuesta volver a estudiar, pero con más edad estás más centrada y organizada”, dice. Para dedicarse por completo, dejó su trabajo y destaca cómo la tecnología ha facilitado su aprendizaje.

Ambas historias reflejan que la educación ya no es exclusiva de los jóvenes. En La Rioja, la formación sigue siendo accesible para todas las edades. En los ciclos de Grado Superior, el 13,21 por ciento de los estudiantes tienen entre 25 y 45 años, y un 2,69 por ciento supera los 45 años. En Grado Medio, un 5,7 por ciento está en el rango de 25 a 45 años, y un 2,48 por ciento tiene más de 45. En la Formación Profesional a distancia, la mayoría de los alumnos son mayores de 30 años, e incluso un 5 por ciento supera los 60.


