Agricultura

Lluvias de sosiego: «Es un buen punto de partida, pero abril tiene la última palabra»

Sobra decir que el escenario hídrico en el que se sitúa La Rioja actualmente es más que bueno, con unas reservas en los embalses que superan el 94 por ciento. En lo referido al año agrícola (entre el 1 de septiembre y el 31 de agosto), además, la Aemet apunta que a fecha del 28 de febrero, la comunidad se situaba en un porcentaje promedio de precipitación del 123 por ciento, lo que refleja un carácter muy húmedo.

Buen punto de partida, por tanto, para los cultivos. Pero especialmente para los herbáceos. Son ya tres campañas las que arrastran sufriendo una acusada falta de agua y todo apunta a que este año podrán, por fin, respirar. «Al menos hay humedad en el campo. Cosa que el año pasado por estas fechas no había». Álvaro Barahonda, agricultor de Casalarreina, vivió en 2024 uno de los peores años para el cereal, con una sequía que dejó incluso fincas sin segar. «Veníamos de un invierno seco, pero ya por estas fechas cerró el frigo y ya no llovió nada en todo abril y mayo, así que el cereal cada vez iba hacia atrás y se perdieron las cosechas».

Las perspectivas de momento, tal como apunta, son buenas, con un cereal bien nacido y con frescura. Pero no hay que confiarse. «La cosecha no está asegura para nada. La clave para el cereal es que llueva en primavera. Abril tiene la última palabra, y principios de mayo también. Cuando empieza a espigar y a granar la espiga es cuando se necesita más agua para sacar una buena cosecha, con buenos rendimientos. Al final el que ahora haya humedad no sirve de nada si en abril no llueve porque la cosecha podría reducirse muchísimo», remarca.

«Ahora lo que hace falta es que siga así, con lluvias cada diez o quince días en las que caigan unos 8, 10 o 15 litros que mantengan la tierra refrescada para que el cereal siga haciendo su ciclo. Al menos contar con algo positivo como es el tiempo, ya que los precios no nos acompañan. El año pasado, por ejemplo, se juntó todo, precios ridículos y cosechas cortísimas y ruinosas», recuerda.

En la otra punta de la comunidad, en la comarca del Alhama-Linares, David Escudero está más que contento con lo bien que lucen las fincas. Hace apenas un mes relataba a este periódico que la nascencia en Grávalos, donde siembra, había sido «regular» y había miedo a que la lluvia no hiciera acto de presencia en las semanas posteriores. Pero el agua llegó y, además, con el nitrato sobre la tierra. Así que la balanza se inclinó en favor del agricultor.

«Después de tanta agonía parece que este agua nos ha salvado. Han caído unos 65 litros en los últimos diez días y lo más importante, han caído muy bien, en varios días y en cantidades moderadas. Se ha hecho de esperar, pero este agua ha sido muy bienvenida porque esto al menos nos asegura que algo vamos a cosechar. Es pronto para decirlo, pero es que este invierno lo veíamos complicado y la cosa ha mejorado mucho. Eso sí, es en primavera cuando se ve la cosecha que se va a coger, cuando se produce el ahijado que es la mayor absorción de nutrientes», reconoce Escudero.

Una vez aplique el herbicida habrá que ver si toca tratar contra los hongos por un exceso de humedad. «Si al final viene un año húmedo habría que echar fungicida, pero es mejor que llueva que no que los hongos no aparezcan porque no hay humedad en la tierra. Ahora sí que querría que parasen un poco las tormentas para que la planta absorba toda la humedad y que nos deje hacer las labores en el campo. Pero que vuelva a llover, que no se le olvide», advierte el de Grávalos.

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