El proceso de integración del Hospital de Calahorra en la red pública del Servicio Riojano de Salud (SERIS), que en principio era una demanda histórica del personal sanitario, se ha convertido en motivo de profunda preocupación. La falta de diálogo, la centralización de decisiones en Logroño y la eliminación de la estructura organizativa local han generado incertidumbre entre los trabajadores del centro, quienes temen por su futuro y el de los pacientes.
El doctor Jesús Castiella conoce el hospital calagurritano a fondo. Lleva trabajando en él desde el día que se abrió y durante los últimos años ha sido Coordinador de la Unidad de Medicina y Especialidades Médicas. Ahora es una de las voces más críticas con la gestión de la reestructuración. Castiella denuncia que las modificaciones impuestas por el SERIS se han realizado sin contar con la opinión de los profesionales del hospital. “No se nos ha consultado, no se nos ha informado y no se han analizado las consecuencias de estos cambios”, lamenta.
La integración del Hospital de Calahorra en la red pública del SERIS se ha materializado entre 2023 y 2024, después de años de reivindicaciones por parte del personal sanitario. Muchos trabajadores apoyaban esta decisión, sobre todo porque permitía la estatutarización del personal, es decir, la conversión de sus contratos en plazas fijas dentro del sistema público de salud.

Sin embargo, la manera en que se ha llevado a cabo el proceso ha generado un profundo malestar entre muchos profesionales. Según Castiella, las decisiones han sido tomadas de manera unilateral por el SERIS, sin diálogo con los trabajadores y sin evaluar el impacto que podrían tener en el funcionamiento del hospital.
Uno de los cambios más polémicos para él es la eliminación de todos los cargos intermedios y directivos del hospital. Esas gestiones han pasado a depender completamente del Hospital San Pedro de Logroño. “Desde Logroño van a gestionarlo todo sin conocer el día a día de este hospital”, critica Castiella.
Uno de los principales temores de los trabajadores es que la reorganización del hospital conduzca a una reducción progresiva de sus servicios. Hasta ahora, el centro había conseguido resolver entre el 80 y el 90 por ciento de las patologías de sus pacientes con sus propios medios, pero la reestructuración ha cambiado la forma en que se prestan algunas especialidades. «Es el caso de otorrilolaringología donde la lista para operaciones ha pasado directamente al San Pedro» o la urología cuyo uno de sus profesionales se ha jubilado y otra ha pedido traslado a Logroño. «El mismo gerente del SERIS se comprometió conmigo en enviarnos a un cardiólo el año pasado pero aún no ha llegado.
Según Castiella, las 24 especialidades médicas que ofrece el hospital pasarán a depender directamente de los jefes de servicio del Hospital San Pedro. “Algunos de esos jefes ni siquiera conocen nuestro hospital. Necesitarían un GPS para llegar a la rotonda de Eroski”, ironiza el facultativo, en referencia a la falta de contacto directo de los responsables en Logroño con la realidad del centro en Calahorra.
No quiere entrar en polémicas políticas, de hecho está convencido de que «a la consejera alguien no le está contando toda la verdad de lo que pasa». Así la situación se está convirtiendo en insostenible. «Es uno de los peores momentos por los que está pasando el Hospital después del intento de privatización de 2012», cuando era José Ignacio Nieto quien estaba a cargo de la consejería de Salud.
Uno de los primeros efectos de esta reorganización se va a notar en especialidades como urología, donde la falta de personal ha obligado a que médicos de Logroño solo vayan a acudir al hospital algunos días a la semana. “Nos dicen que el servicio sigue, pero si los especialistas no están aquí y no pueden realizar determinadas técnicas, en la práctica estamos perdiendo capacidad asistencial”, explica Castiella.

Otro de los problemas derivados de la reestructuración es el empeoramiento de las condiciones laborales, lo que podría provocar una fuga de talento. Tradicionalmente, el hospital ha contado con profesionales de otras comunidades autónomas, como Soria, Zaragoza y Navarra, quienes encontraron en Calahorra un entorno laboral estable. «Venían aquí porque la manera de trabajar era favorable a que gente de fuera pudiera trabajar en condiciones adecuadas». Sin embargo, el reciente ajuste de turnos y la falta de planificación están afectando especialmente a enfermeros y técnicos auxiliares. “Si las condiciones empeoran, los trabajadores se marcharán a otros hospitales con mejores oportunidades”, advierte Castiella.
Además, algunos profesionales denuncian que los nuevos responsables del hospital son prácticamente desconocidos para la plantilla. “No sabemos quiénes son, qué planes tienen ni si nos escucharán en el día a día de nuestro hospital”, se quejan los sanitarios. Así asegura que «no hay ningún hospital en España sin mandos intermedios porque es una locura que sea así». Y que se están adoptando medidas que nunca hubiesen imaginado. «Ahora mismo nos han cambiado la empresa de las máquinas para las apneas, estábamos de maravilla con las que teníamos y estas nos están dando problemas con muchos pacientes». Hace unos días se rompió el mamógrafo lo que está haciendo que las mujeres riojabajeñas tengan que subir a Logroño a hacerse las mamografías. Son sólo algunos de los ejemplos.
A pesar de la crisis organizativa, el Hospital de Calahorra sigue destacando en cirugía mayor ambulatoria, con un 90 por ciento de intervenciones realizadas sin ingreso hospitalario, lo que lo convierte en uno de los centros más eficientes de España en este ámbito. «Ser eficaces en determinadas cosas como esta nos está perjudicando a la hora de hacer la reestructuración». El tajante: «La integración, que iba a ser una oportunidad, se está convirtiendo en una amenaza».
Y es que los trabajadores temen que la centralización de la gestión en Logroño y la falta de recursos puedan afectar esta eficiencia en el futuro. “No hay recortes oficiales, pero sí decisiones que están minando nuestra capacidad de respuesta”, denuncia.
La preocupación entre la plantilla es creciente, especialmente por la falta de diálogo con la gerencia y la ausencia de soluciones concretas a los problemas detectados. “Nos han convertido en un apéndice del Hospital San Pedro. Si no recuperamos nuestra autonomía, Calahorra acabará perdiendo su hospital tal como lo conocemos”, concluye Castiella.


