El director general de la Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja, José Luis Lapuente, ha deseado que «reine la cordura» y se busque «tender puentes» tras conocer que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha amenazado con imponer un arancel del 200 por ciento al vino.
Lapuente ha añadido que «el deseo es que reine la cordura, que, evidentemente, esto se convierta simplemente en alharacas de mañana y que, finalmente, no se consuma una sinrazón en un mundo globalizado».
«En un mundo en el que ya no somos autosuficientes, no podemos dibujar lo que sería un régimen autárquico, eso lo tenemos superado y lo que tenemos que buscar es tender puentes», ha precisado en un comunicado de audio difundido por el Consejo Regulador de la DOCa Rioja, a la que pertenecen las comunidades riojana, vasca y navarra.
«Estamos desayunando todos los días con noticias que alimentan una escalada, vamos por el 200 por cien», ha añadido Lapuente, para quien «ya manejamos cifras que se convierten un poco en histriónicas y, de cualquier manera, más allá de la broma, hay que tomarse el problema en serio».
Ha indicado que «triplicar el precio de un producto es sacarlo del mercado» y ha recordado que, para la DOCa Rioja, el mercado estadounidense es muy importante en términos de rentabilidad y de volumen.
Se trata de su tercer destino en materia de exportación y representa algo más del 10 por ciento en volumen y casi el 15 en valor, lo que «nos hace preocuparnos sinceramente por el tema», ha dicho.
La DOCa Rioja está en 136 países y si se cifrara lo que es ese volumen en Estados Unidos en la comercialización total de esta denominación, sería un 4 por ciento, por lo que, ha señalado, es «un problema relativo». Sin embargo, «ello no tiene que hacernos quitar el foco de ahí y, en ese sentido, todavía estamos expectantes y confiando en que no se produzca un desenlace final».
Lapuente cree que se asiste a iniciativas que persiguen, de un lado, la máxima negociación y el entendimiento a nivel comunitario con las instituciones estadounidenses, que se dirigen no solo al Ministerio de Economía y a las autoridades comunitarias.
Pero también a la propia Embajada estadounidense en España, «buscando que el vino no se convierta en un elemento de reciprocidad ni tampoco de intercambio de golpes», ha afirmado.
Cree que, además, hay que tener presente el daño que se haría al producto y a la economía americana a su canal de hostelería; así como a los vinos locales y a su posible comecialización exterior.
«No olvidemos que estamos hablando de productos con nombre y apellidos, en el caso de Rioja, de un producto con una máxima notoriedad, tanto a nivel nacional como internacional», ha precisado.


