El sueño de Ramón Bilbao Murga (Echevarría, 1876) nació en 1924 con la fundación de su bodega homónima en el casco urbano de Haro, aunque diez años antes ya había elaborado su primer vino. Aquel germen es palpa ahora en cada espacio de esta bodega jarrera que forma parte de Zamora Company y donde se busca acercar el viñedo y el territorio a todo aquel que se adentre en ella, dando una importancia especial a todo lo varietal. Porque la clave es «preservar la pureza de la uva para conseguir la frescura frutal».
Por ello es que Ramón Bilbao aúna en sus instalaciones todo lo autóctono traído de sus tres viñedos referentes: Finca Aguilones, Villalba y Yerga, este último a donde se llegó hace unos ocho años para apostar por las garnachas de Rioja Oriental. «La mayoría de nuestras viñas están muy alejadas de la bodega, por eso queremos que tengan una idea de los que son esas parcelas con pequeños elementos que les trasladen a ellas pero sin salir de nuestras instalaciones, centrándonos mucho en el aspecto natural y sostenible», apunta la responsable de Enoturismo, Zaida Semprún.

Uno de los espacios abiertos al enoturismo en Ramón Bilbao. | Foto: Leire Díez
Por ello, a lo largo del circuito que ofrece la bodega, con diferentes visitas y experiencias en función de las demandas del visitante, el público puede experimentar con su propios sentidos la apariencia y aromas de un viñedo en las diferentes zonas que controla Ramón Bilbao, con la flora y el tipo de suelos y sustratos que lo caracterizan.
Si durante la celebración del centenario la bodega ya sorprendió con un evento por todo lo alto, para este 2025 el repertorio de experiencia trasciende fronteras, tanto creativas como geográficas. El punto de inflexión llegó en octubre de 2024, cuando la firma diseñó un nuevo concepto de enoturismo, más exclusivo, más privado, con visitas más premium y de menos aforo. Un cambio de enfoque donde el arte en sus diferentes disciplinas adquiere un papel determinante con interpretaciones de los ciclos de la vid dando mucho color y simbolismo a los espacios.
«Hay una parte de la visita que se hace copa en mano aunque luego culmina con una cata final. Lo que buscamos desde el principio es que la gente interactúe con los diferentes elementos, por eso acercamos mucho el viñedo a la bodega y al visitante», explica Semprún. Así, ese juego de sensaciones se puede experimentar de lunes a domingo, también con la posibilidad de hacer visitas privadas, catas directamente de depósitos y catar verticales.

Exposición Kauani en Ramón Bilbao. | Foto: Leire Díez
El objetivo ahora también recae en desestacionalizar el turismo para que no sea solo una actividad de fin de semana, centrándose también más en los eventos privados y más premium, tanto para particulares como para empresas. Por no hablar de la internacionalización de las visitas en la que trabajan: «A partir de este mes de marzo vamos a automatizar procesos y audio en dispositivos multiidiomas para habilitar las experiencias enoturísticas a todos las lenguas y evitar así esa barrera lingüística».
Otro de los puntos fuertes con los que Ramón Bilbao presenta este 2025 son los eventos propios estilo ‘pop-up’, es decir, un evento temporal, único e irrepetible que se celebra en un lugar inesperado de la bodega. Ya hay diseñadas tres experiencias para esta primavera y verano con las fechas cerradas: el 26 de abril se vivirá un espectáculo de circo en cuatro espacios diferentes de la bodega vinculando así las etapas del vino a los movimientos que los acróbatas armonicen con diferentes disciplinas; el 17 de mayo, coincidiendo con el inicio de la Feria de Jerez, Ramón Bilbao se trae a sus instalaciones un grupo flamenco del tabanco más antiguo de Jerez llamado El Pasaje; y los días 18 y 19 de julio se celebrará la primera edición del festival de Cocinas del Mundo, siendo la gastronomía mexicana la protagonista de esta inauguración. Todas estas actividades contarán con pases limitados y culminarán con propuestas gastronómicas en diferentes formatos.

Una de la salas de barricas en ramón Bilbao. | Foto: Leire Díez
Un movimiento enoturístico que va más allá del vino pero que a la vez cumple con sus ritmos para demostrar al visitante que este siempre fluye por diferentes escenarios y diferentes materiales sin perder de vista su esencia, su fruta. Por eso hay movimiento también en la sala depósitos de hormigón y en la de barricas, ambas dibujando una curva que evoca los flujos del vino y la viña, siempre en constante evolución.
Una gastronomía de territorio
Cumpliendo con ese nuevo enfoque de acercar lo local al visitante, la oferta gastronómica que está siempre tan presente en Ramón Bilbao también va a dar un giro: «A finales de marzo vamos a cambiar los menú del restaurante por unos de temporada muy centrados en el pequeño productor local, con producto de proximidad y haciendo una reinterpretación de las recetas tradicionales de la tierra, que se trasladará también a la carta de tapas disponible diariamente en nuestro Wine Bar, pudiéndose maridar con todos nuestros vinos de diferentes denominaciones y bodegas».
La idea en cocina es darle una cierta rotación al menú para que el público pueda probar diferentes platos en torno a la gastronomía de aquí a lo largo de todo el año. «No vamos a restarle el valor que tienen las chuletillas de cordero y las patatas con chorizo, pero ampliaremos la oferta con parrillada riojana y otros productos». Los sueños de Ramón Bilbao continúan ganando cuerpo y estructura en madera y en botella, y también desde los fogones, atendiendo a los movimientos que los rodean para dar siempre la mayor autenticidad de su territorio.


