Cuántas veces hemos comentado: ‘Esta película no se hubiera podido rodar hoy en día’ o ‘¿De verdad lo que se ve en esta serie era lo normal en aquellos tiempos?’. Y no hace falta remontarse muchos años atrás.
No cabe duda de que en nuestro país se ha registrado un notable avance en materia de igualdad en los últimos diez años. La lucha por la igualdad de género ha marcado un antes y un después en la sociedad, y hoy en día, los jóvenes crecen en un entorno donde estos valores ya forman parte del discurso cotidiano. Sin embargo, ¿cómo perciben realmente la igualdad?
Desde el instituto Duques de Nájera varios alumnos de Bachillerato confiesan que es importante hablar de este tema fuera del aula, sin embargo, «muchas veces no lo hacemos con el fin de evitar discusiones. Es como hablar de política, siempre acaba mal». Y puede que el desenlace sea ese porque «no estamos bien informados. Hay muchas opiniones, muy diversas, y los debates acaban derivando en enfrentamientos por la falta de argumentos bien fundados», admite Julia.
Son jóvenes, pero no ajenos a lo que se vivía antaño. «Antes las mujeres no eran consideradas ni personas. Se creía que su capacidad de razonar era naturalmente menor y se les condenaba a una vida de servidumbre en muchos casos. Gracias a la lucha feminista se ha conseguido destruir tales injusticias y que el mundo comprenda su gravedad», explica otro alumno.

Pero (siempre hay ‘peros’), hoy en día, la igualdad, «se está llevando a posiciones extremas por parte del feminismo que hace que a veces pierda esa noción de igualdad. Y eso es precisamente lo que provoca el rechazo a este tema, junto con la aparición de discursos machistas y negacionistas que provocan la pérdida de apoyo de muchos jóvenes», señala Asier.
«Está claro que el feminismo debe desmarcarse de ese sector mas radical y combatir ese discurso machista con fuerza, que es lo que está en sus manos, ya que no se puede cambiar otros factores como la educación recibida en casa».
Un pensamiento que comparte Pablo, que añade: «El feminismo está mal encarrilado. Esta reciente ola reivindicativa, más que abogar por la igualdad de todos los humanos está encaminada a hacer justicia propia y a equilibrar la balanza de todos aquellos años donde indudablemente la mujer era sometida por el hombre y relegada a un segundo plano».
Para este joven de 2º de Bachillerato «hoy en día quedan pocas feministas como las de antes. ¿Dónde estarán nuestras abuelas? Ellas si tuvieron que luchar y reivindicarse por sus derechos, no como ahora». Y lanza un mensaje: «El lobo está disfrazado de abuelita y está al mando de todas las decisiones que vosotras aplaudís, pero cuando os dais cuenta de lo que verdaderamente son, no denuncias. No me sorprendería que en unos años seamos nosotros los que reclamemos de vuelta nuestros derechos a diferencia de hoy que no os falta de nada salvo gente con un poco más de sentido común que os proteja como os merecéis».

No muy lejos de Pablo se encuentra J.C., quien opina que «el feminismo inicial buscaba la igualdad de derechos y una vez lograda, se ha desviado del camino, lo que ha llevado a la sensación de que el feminismo debe alzar a las mujeres y hacer de menos a los hombres de forma indefinida hasta lograr un objetivo que no está claro».
Es más, a su parecer, «el problema que ha hecho que el feminismo haya evolucionado de una forma tan alejada de sus objetivos iniciales es simplemente un error de concepto, y es que se ha impuesto el machismo como un concepto relacionado con los hombres y con las malas formas de actuar (significado negativo), y a su vez el feminismo como lo opuesto (significado positivo), aunque lo lógico sería que se hubiera buscado una palabra más relacionada con la igualdad en vez de con alguno de estos extremos. Estas conexiones entre el bien y el mal con los géneros tienden a llevar de alguna forma a la idea de que todo el género masculino es machista así como todo el femenino es feminista, y esto no es así».
Su compañera Tegra también coincide en que «el falso feminismo, ese que oculta un discurso dañino, genera rechazo en la sociedad. Cuando se piensa en feminismo, muchas personas no lo asocian con igualdad, sino con lo opuesto al machismo, lo que deriva en el rechazo por parte de quienes no comparten esos ideales».
Los micromachismos del día a día
Definidos como pequeños gestos, actitudes o comentarios que se manifiestan en lo cotidiano contribuyendo a la inequidad y colocando a la mujer en una posición inferior al hombre, hablamos con estos estudiantes de alguno de ellos, como por ejemplo que un hombre le abra la puerta a una mujer.
Uno de los estudiantes lo tiene claro: «Esto es llevar las cosas demasiado lejos». Él acostumbra a hacerlo y «no significa que considere que la mujer es incapaz de abrir la puerta o que tengo que ayudarla porque es débil. Lo hago porque me parece un buen gesto de cortesía, incluso de educación. Lo hago indistintamente del sexo de quien vaya a cruzar la puerta porque me gusta tener esa amabilidad con el resto, porque no cuesta nada y puede mejorar el día de alguien. Me siento bien cuando lo hago y lo agradezco cuando lo hacen por mí».
Julia también cree que el abrir la puerta es un gesto de amabilidad y educación, sin embargo «si a una mujer le hace sentir inferior y se lo siguen haciendo, ya estaríamos hablando de algo ofensivo».
El problema que recalcan estos estudiantes es la forma en la que la sociedad o algunos grupos más radicales sacan de contexto gestos como este. «No deberíamos hacer un gran debate por este tipo de pequeñeces y otras más absurdas, ya esto es precisamente lo que causa rechazo con el movimiento», comenta Asier.
Para este grupo de alumnos del Duques de Nájera, a pesar de la confusión actual en torno al término feminismo, que en algunos casos ha sido radicalizado y sacado de contexto por sus defensores, «la lucha por la igualdad sigue siendo necesaria para avanzar hacia un mundo más justo y equitativo».


