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¿Es demasiado tarde para empezar neurorrehabilitación?

A CINN Rioja acuden muchas personas que nos hacen esta pregunta, y la respuesta siempre es «sí». Nunca es tarde para empezar a mejorar. Debemos tener en cuenta que la capacidad de recuperación depende de muchas variables, entre los que destacamos la gravedad y extensión de la lesión, edad, factores genéticos, estilo de vida, apoyo social y emocional, factores psicológicos, rehabilitación y terapias… De todas estas variables, hay algunas sobre los que no podemos actuar, pero sí se puede actuar sobre otras.

Neuroplasticidad

Hace tan solo 50 años, los investigadores aceptaban que el cerebro inmaduro era maleable, pero que para el fin de la infancia ya se había convertido en una estructura fija. Se pensaba que el cerebro era incapaz de regenerarse; por ende, cualquier daño o lesión se consideraba irreversible.

Pero, nada más lejos de la realidad, ya que, gracias a la neuroplasticidad, el cerebro adulto no solo es capaz de cambiar, sino que lo hace continuamente durante toda la vida, en respuesta a todo lo que hacemos y a cada experiencia que tenemos. Lo que significa que el cerebro tiene la capacidad de reorganizarse y formar nuevas conexiones, aunque hayan pasado meses o años desde el ictus. De hecho, la rehabilitación puede ser útil en cualquier momento, siempre y cuando esté adaptada a las necesidades y capacidades del paciente.

Neurorrehabilitación de casos crónicos

Después de un ictus que ocurrió hace años, la neurorrehabilitación tiene como objetivo maximizar la recuperación funcional y mejorar la calidad de vida. Se utiliza un enfoque más centrado en el manejo de los síntomas y en la adaptación a las limitaciones, en lugar de esperar una recuperación completa.

Algunos de los objetivos clave que se pueden trabajar en neurorrehabilitación de casos crónicos, es decir, en los casos en que han pasado años desde la lesión son:

1. Recuperación de la Función Motora: mejorar el control motor y la coordinación de las extremidades afectadas (brazos, piernas, etc.). Reducir el riesgo de caídas, trabajando el equilibrio, la postura y la conciencia corporal.

2. Mejorar la Función Cognitiva: mejorar las habilidades cognitivas, como la memoria, la atención, la resolución de problemas y la planificación. Entrenamiento en ayudas compensatorias (agenda, calendario del móvil, alarmas…).

3. Recuperación del Lenguaje y la Comunicación: recuperar las habilidades del habla y la comprensión del lenguaje. Entrenamiento en el uso de sistemas alternativos/aumentativos de comunicación, entrenamiento en comunicación a los familiares,…

4. Mejorar la disfagia: mejora de las dificultades para tragar. Adaptación de la dieta con diferentes texturas, entrenamiento a familiares para saber qué puede o no comer su familiar y cómo pueden cocinar en casa.

5. Mejorar la Independencia Funcional: Incrementar la capacidad para realizar actividades de la vida diaria de manera independiente (como vestirse, comer, bañarse). Entrenamiento en el uso de productos de apoyo que hagan que la persona sea capaz de realizar las actividades sin ayuda de un tercero.

7. Adaptación Emocional y Psicológica: Afrontar los cambios emocionales, la ansiedad y la depresión que pueden surgir después de un ictus.

La clave de la neuroplasticidad es la intensidad y la frecuencia de las intervenciones. Mientras más motivados y comprometidos estén los pacientes con su rehabilitación, mayores serán las posibilidades de que su cerebro forme nuevas conexiones funcionales.

«A la pregunta de si es demasiado tarde para hacer neurorrehabilitación, desde CINN Rioja respondemos: sólo si decides no intentarlo».

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